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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

Cruceros anti pandemia

Querido amigo, el otro día, viendo un barco de cruceros anclado en la bahía, se me ocurrió una idea que he puesto en práctica, y que creo puede tener una buena respuesta.

La cosa surgió hablando con un grupo de amigos pensionistas que están preocupados en cómo escapar de esta pandemia mortal. Sobre todo nosotros los veteranos, que nos arriesgamos mucho más.

Pensamos entonces que, contando con que cada uno dispone al menos de una pensión de mil euros al mes, podríamos hacerle una propuesta a una compañía de cruceros para fletar un barco por un tiempo definido.

Tendríamos que ser entre trecientos y quinientos jubilados para un barco pequeño, aunque los grandes pueden transportar más de cinco mil.

Según nos dijeron, el precio podría estar alrededor de los mil euros por persona al mes en camarote individual y algo menos en un camarote de matrimonio. El precio incluye pensión completa y atención médica. Claro que los más pudientes podrían tener un camarote mayor o mejor situado por un precio superior.

Lo más importante es que, además de la tripulación, todos los cruceristas pasarían antes la PCR y también tendríamos que hacer diariamente el test rápido a bordo, para lo cual contaríamos con un equipo médico especializado.

Lo ideal sería que fuéramos un máximo de cuatrocientos pasajeros, que es el cupo que la naviera considera rentable.

Trazar un itinerario es, en este caso, lo más sencillo, y podríamos dar la vuelta al mundo cuantas veces quisiéramos.

Las escalas en los distintos puertos se cuidarían con el mayor rigor sanitario y, naturalmente, todo el que desembarque tendría que pasar un nuevo test al volver a bordo.

No me negarás, Gregorio, que esta aventura sería inolvidable para todos, y nos daría una oportunidad extraordinaria de ver el mundo de otra manera, teniendo al mismo tiempo la ocasión de aprender a convivir con otras personas que por su edad y experiencia son enriquecedoras en la vida para configurar ese pequeño mundo en el que siempre hemos querido vivir.

Como dice la conocida pedagoga Nélida Zaitegi: “A convivir se aprende conviviendo, pero conviviendo de manera consciente”, y que para convivir hay que respetar la dignidad de las otras personas y los derechos propios y ajenos. Es decir, a interactuar con otras personas desde el reconocimiento de sus derechos y sus deberes, estableciendo relaciones de igualdad y de respeto mutuo y evitando cualquier tipo de violencia. También considera Zaitegi la importancia que tiene la participación para enseñar a convivir, y que las discrepancias son necesarias para avanzar, recordando que, como decía Gandhi, “Hay que ser duros con los problemas, pero delicados con las personas”.

Quién nos iba a decir, Gregorio, que la pandemia vendría a enseñarnos tantas cosas. Así que, prepárate que nos vamos de crucero, y no te olvides de meter en tu equipaje la chaqueta que tenías de “botón de ancla”, como la del Dúo Dinámico…

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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