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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

El pastel de la migración

Resulta más que probable que la alcaldesa de Mogán y los representantes de las patronales turísticas tengan conocimiento del nuevo contexto de actuación global contra la migración: nada más y nada menos que el cheque multimillonario. España, Grecia, Italia y Malta, el sur de Europa, las áreas geográficas más sensibles al fenómeno, contemplan disgustadas la posibilidad de que Merkel promueva la firma de un plan donde va a primar la compensación económica frente a la política de acogida. Turquía, sin ir más lejos, es desde hace años el paradigma del nuevo concepto, materializado en un pago multimillonario anual para financiar proyectos filtrados por la ONU, cuyo objetivo es contentar a Erdogan y de paso frenar la invasión de refugiados a Europa. Un informe interno de la Dirección General de la Policía, que prevé la llegada de 140.000 inmigrantes a las Islas, ya indica que Marruecos envía con la cresta migratoria un mensaje “de demanda de contraprestaciones”, es decir, quiere su porción del pastel por funcionar como muro para la migración, buena nueva a la que también se apuntarían con agrado Argelia y Mauritania. Los países que fuerzan este nuevo orden internacional, dígase Hungría, Polonia y otros de los llamados euroescépticos, se niegan a entrar en la ruleta de la reubicación de migrantes. Ante ello, a Pedro Sánchez y al mandatario italiano Giuseppe Conte, aliados frente a la oleada, sólo les queda exigir en la Comisión Europea, posición, no obstante, a la que se le augura un éxito limitado frente al insensible norte, más obsesionado con la pandemia que con unos migrantes que le son ajenos. El hecho o no de que Canarias se convierta en un Lampedusa dos o en un Lesbos dos, con toda la calidad asistencial que se quiera, se juega en un tablero de ajedrez. De hecho, los 6.000 migrantes alojados en hoteles y apartamentos del sur de Gran Canaria, forman parte de un primer movimiento: no tengo ni idea de cuánto paga el Estado por el servicio, pero está claro que es una medida oportunista dada la situación de turismo cero, aparte de un método para estrenar en Canarias la vía compensatoria que se abre paso en la UE. Seguramente acabará abonando la factura algún fondo de Bruselas. Creo que la alcaldesa y las patronales pierden un tiempo precioso con su ultimátum al Estado. Quizás sería más provechoso (y hasta provocador) ejercer una labor diplomática entre los estados emisores. No sé qué pensaría Ángel Víctor Torres.

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