Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge Dezcallar

Un asesinato muy poco inocente

Un asesinato muy poco inocente

Un asesinato muy poco inocente

Ningún asesinato es inocente, pero algunos son menos inocentes que otros. El pasado 27 de noviembre fue asesinado cerca de Teherán el principal científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, cuya muerte nadie ha reivindicado aunque todo apunta a Israel porque el primer ministro Netanyahu le había señalado personalmente y porque apenas hace tres meses asesinó en las calles de Teherán al número dos de Al Qaeda. Según el New York Times existen pocas dudas en los servicios de Inteligencia estadounidenses sobre la implicación del Mossad en esta muerte, probablemente con el apoyo local de iraníes opuestos al régimen islámico.

Con este asesinato, condenado por la ONU y por la Unión Europea (Josep Borrell lo ha llamado “acto delictivo contrario al principio de respeto a los derechos humanos”) son ya cinco los científicos iraníes asesinados en los últimos diez años, sin contar el ataque del pasado mes de julio contra la central nuclear de Natanz, en un intento de impedir que Irán se dote de armas nucleares porque eso sería para Israel una amenaza existencial que no puede permitir de ninguna manera. Hace solo diez días que Netanyahu recordaba que “no permitiremos que los iraníes se doten de armas atómicas y no debemos volver al acuerdo nuclear anterior. Tenemos que mantener la política de máxima presión para impedirlo”. O sea, ni bomba ni acuerdo, que tome nota Biden. Más claro, agua.

Esa oposición visceral a Irán ha estado en el centro de la estrecha relación de Netanyahu con Donald Trump, el presidente más proisraelí de la Historia como muestran el traslado de la embajada a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre el Golán, o el “plan de paz” de Kushner muy sesgado a su favor. Trump se estrenó denunciando unilateralmente el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC) que es como se conoce al acuerdo firmado en 2015 con Irán por la comunidad internacional precisamente para evitar su nuclearización y que según la Agencia Internacional de la Energía Atómica de la ONU Teherán estaba cumpliendo. Pero para Trump este acuerdo tenía dos inconvenientes: por una parte era obra del odiado Obama y, por otra, no contemplaba otras actividades de Irán como su política desestabilizadora en Oriente Medio o el desarrollo de misiles de largo alcance, preocupaciones ambas que comparte Europa para la cual, sin embargo, estos asuntos deben tratarse en otros foros sin poner en peligro el PIAC que evita una carrera de armamentos en la región. Ante la retirada norteamericana del acuerdo y la reimposición de sanciones que han ahogado su economía, Irán ha reanudado algunas actividades nucleares lo que ha causado preocupación y condenas generalizadas porque es también el miedo compartido a Irán lo que explica la normalización de relaciones diplomáticas entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y Bahrain, y el actual acercamiento entre Israel y Arabia Saudita evidenciado en el reciente encuentro entre Mohamed bin Salman y Netanyahu.

El momento elegido para asesinar al señor Fakhrizadeh no es casual sino que parece dirigido a crear una situación de tensión que fuerce la mano de Donald Trump, de Joe Biden o de ambos a la vez. De Trump porque ha trascendido que desea atacar a Irán y no lo ha hecho porque sus asesores le disuadieron. Una “venganza” iraní ahora como propugnan los más radicales dentro de Irán sería la excusa perfecta que podría animar a Donald Trump a hacer lo que el cuerpo le pide como despedida de la Casa Blanca. Pero el asesinato también podría tener la intención de impedir a Biden regresar al PIAC como desea y como afirman su futuro secretario de Estado, Toni Blinken, y su futuro consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, que fue quién inspiró el pacto nuclear de 2015. Irán se mueve así entre su necesidad interna de responder a estos ataques y la conveniencia de esperar a ver si las relaciones mejoran con Biden (el parlamento iraní le acaba de dar de plazo hasta febrero para levantar las sanciones), o si lo ocurrido convence a Teherán que la única forma de ser respetado es cruzar a toda costa el umbral nuclear como ha hecho Corea del Norte.

Compartir el artículo

stats