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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Joaquín Rábago

El chantaje de Orbán

No he leído mejor descripción de lo que la Unión Europea significa para el jefe del Gobierno húngaro, Viktor Orbán, que la del analista político de ese país Gabor Gyori.

“Para Orbán, afirma Gyori, colaborador del instituto de investigaciones políticas Policy Solutions, con sede en Budapest, Europa es una zona de libre comercio que subvenciona a sus oligarcas con el dinero de los ciudadanos europeos”.

Hungría es en efecto el principal receptor de fondos europeos en relación con su producto interior bruto, y, como denuncia el semanario italiano “L´Espresso”, buena parte de los 25.000 millones que ha recibido el país en los últimos siete años se invirtieron en proyectos prescindibles o de abultado coste.

Según el centro de investigaciones sobre la corrupción, en los seis primeros años de monopolio del poder, cuatro personas de plena confianza del primer ministro obtuvieron el 5 por ciento de los contratos públicos, por un valor total trece veces superior al resto de los contratos.

De acuerdo con Transparencia Internacional, citada también por “L´Espresso”, Hungría es, junto a Bulgaria y Grecia, uno de los tres países más corruptos de la UE, y debería devolver, según la agencia europea contra el fraude, Olaf, el 4 por ciento de los fondos que recibe por haberse cometido con ellos irregularidades.

Orbán es también uno de los cinco dirigentes de la UE que el año pasado se negaron a aceptar la autoridad de la nueva oficina europea encargada de investigar y perseguir los fraudes cometidos con su presupuesto.

El problema, como reconoce el analista citado al principio en sus declaraciones a la revista italiana, es que la UE “no ha previsto un mecanismo automático para la expulsión de uno de sus miembros, y Orbán no tiene la menor intención de abandonarla”.

Bajo su liderazgo, Hungría se parece cada vez más a un régimen autocrático como el ruso de Vladimir Putin. Para él, insiste Gyori, “la política es una guerra constante. O destruyes al otro o te destruyen. Para él no existen adversarios sino enemigos”.

Hace ya seis años, Orbán hizo unas declaraciones premonitorias que definen perfectamente su actual política: “Tenemos que entender que existen sistemas no occidentales, no liberales, incluso no democráticos que conducen al éxito a las naciones”.

“Hoy, continuó el líder del partido Fidesz, las estrellas de la política internacional son Singapur, China, India, Turquía y Rusia. Lo hemos entendido a tiempo y estamos construyendo una estructura organizativa que nos hará fuertes”.

Hasta el momento, Orbán ha logrado salirse con la suya porque el país central de Europa, Alemania, que preside este semestre la UE, está interesada en mantener las ventajas económicas que una Hungría dentro del club europeo representa también para su industria exportadora.

El último, escandaloso ejemplo de ese comportamiento totalmente insolidario es el interpuesto por su Gobierno junto al polaco de Mateu Morawiecki tanto al presupuesto plurianual de la UE cuanto al llamado plan de recuperación para Europa elaborado por la Comisión.

Tan escandaloso como el hecho de que el líder del PP, Pablo Casado, se haya desmarcado del consenso mayoritario de los conservadores europeos para expulsar al Fidesz de Orbán del Partido Popular Europeo. Aunque uno podría pensar cínicamente que es el único que actúa con consecuencia.

El ex primer ministro polaco y actual presidente del PPE, Donald Tusk, escribió una carta a sus correligionarios del continente en la que acusaba a Orbán de construir en su país “un estado de emergencia permanente, políticamente peligroso y moralmente inaceptable” y pedía su expulsión del grupo.

A la misiva se adhirieron los líderes conservadores de Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Lituania, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Suecia, Eslovaquia, República Checa y Grecia, pero no Casado.

Según éste, la única prioridad de su partido es “el coronavirus”. Y lo que, sin embargo, calló: el intento por cualquier medio de derribar al Gobierno de Pedro Sánchez aunque sea poniendo en peligro la llegada a tiempo de los fondos europeo. ¡Por sus hechos los conoceréis!

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