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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Dámaso, un recuerdo a la identidad

Dámaso, un recuerdo a la identidad

Redescubrir al genuino Pepe Dámaso es posible. Prueba de ello se reserva en muchos rincones de Canarias en los que una parte de su obra no permanece tan visible, frente a otras creaciones del artista que están tan presentes que incluso llegan a ser parte directa o indirecta de nuestro día a día. Una de esas obras, que debido a su localización y tipo de propiedad quedaron atesoradas entre paredes particulares, es este mural que hoy rescatamos a la memoria isleña.

A mediados de la década de los años 50, Dámaso se encuentra en un feliz momento de constante estudio reflexivo sobre diversos temas que le preocupan, al tiempo que combina esta vorágine creativa con lo reglado desde las academias donde se forma técnicamente como pintor. Uno de los temas que más trata en estos años de juventud es la identidad canaria debido al interés por el legado prehispánico de la Isla. Todo ello se refuerza con las innumerables visitas que el artista realiza al Museo Canario, donde queda fascinado ante las peculiaridades de esos objetos que, hallados en cuevas, graneros, ruinas y tumbas, tenían sobre nuestra identidad.

Ese traslado idílico de las piezas al lienzo damasiano dan como resultado Cerámicas del Museo (1954). Esta composición fue una de las bazas más importantes para entender este periodo creativo del artista agaetense. Gran parte de las obras de esta primera época son ejecutadas a partir de un lenguaje abstracto y con ciertos tintes expresionistas, cuyo objeto era unir la modernidad que supone esta faceta artística en la plástica del momento, con algo tan primitivo y místico como es el legado de nuestros antepasados. Ante todo el plantel creativo de años de estudio, surge la realización de este mural Sin título para unas oficinas en la calle Mayor de Triana en Las Palmas de Gran Canaria.

Esta pieza fue creada en la primera mitad de la década de los años sesenta del siglo XX y se realizó gracias al encargo ofrecido por la empresa Antonio y Carmen Gómez Díaz al arquitecto grancanario Manuel de la Peña Suárez. El proyecto de reforma de esta oficina empresarial, que posteriormente pasó a denominarse Salinetas S.A, no correspondería solamente a de la Peña, sino que el mismo arquitecto invitaría a Pepe Dámaso a sumarse al proyecto con el fin de realizar un mural que ornamentase el espacio. El tándem Manuel de la Peña y Dámaso fue muy frecuente durante la década de los años 60, donde existió una estrecha colaboración de ambos para la realización de varios proyectos de diferente tipología y función.

El artista realiza este mural de una manera muy libre en cuanto a la temática y el formato; de hecho, compagina su interés por la cultura prehispánica canaria junto con su propia investigación matérica. De este modo, a partir de elementos naturales como, por ejemplo, la arena junto con la pintura, el autor despliega una composición arraigada a una temática identitaria, pero siempre en pos de la modernidad.

Este mural está compuesto por un friso de ocho metros de longitud que desarrolla su trazado de forma lineal con algunos altibajos puntiformes que rozan lo flamígero. Asimismo, se despliega una abstracción muy armoniosa que enfoca lo protohistórico de su circunstancia a partir de la aparición de vestigios cerámicos como vasijas, platos y otros enseres que se muestran en torno a 105 formas semicirculares, circulares y trapezoidales por todo el plano, como si de una danza se tratara. Otro punto de vista que no se desenfoca del tema en cuestión es poder apreciar este baile de formas a partir de los simbólicos goros usados por los antepasados para diferente usos agrícolas y ganaderos.

Como bien plasmó el profesor Luján Henríquez en voz de Pepe Dámaso: ‘’Yo tengo que decir de nuevo que he tenido que ser fiel a mi mirada de lo insular. Es un condicionante que he tenido desde que tengo razón’’. Esa lírica unión entre nuestra identidad Archipielágica y el arte, ha perfilado al hombre y su obra durante más de sesenta años de producción artística donde el espíritu de Canarias sigue latente.

Alma de composiciones que se desvelan ante nosotros hoy como reducto indispensable del ayer, en un caminar identitario que no cesa y siempre aporta radiante luz hacia el conocimiento del arte desarrollado en nuestras islas.

Que el influjo del Atlántico te siga acompañando amigo Pepe. Feliz nueva vuelta al sol.

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