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Olga Seco

La pandemia le está quitando el pavo a más de uno

La soledad es anónima y junto a ella se reconocen todas las disciplinas del ser humano. Hay muchas personas, que sin pedirles explicaciones de su vida, lo dan todo a conocer. Por lo tanto, no es de extrañar que le concedan a todo lo que se puede exhibir una excesiva importancia. La Navidad es un excelente escaparate, mientras unos son la evidencia del esfuerzo, otros tiran la casa por la ventana. Creo que muchos de los que andan “disgustados” por no poder celebrar la Navidad igual que otros años, en realidad están disgustados por no poder hacer de su vida un espectáculo. Es evidente que lo austero, para algunos, es sinónimo de pobreza...

A tomar por saco el postureo y las mesas llenas de cuñaos haciéndose fotografías con el marisco. Sí, las mismas que después publicaban en redes sociales con una frase muy reveladora: “Aquí sufriendo”. Es evidente que la pandemia le está quitando el pavo a más de uno. Y a más de dos también.

Hay gestos enigmáticos que no tienen el tono de la queja, gestos que sin ser muy sonoros expresan con intensidad todo. Hablo de la prudencia; la única que a día de hoy nos garantiza ( y no siempre) una estrecha relación con la vida. El calendario ya no forma parte de lo cotidiano, ahora la vida no es la pasión que se reconquista con las tradiciones y afirma la unidad de la familia cada 24 de diciembre. No, ahora solo debemos tener una imperiosa necesidad: no morir y no hacer morir a nadie por nuestra irresponsabilidad.

Hay momentos en la vida que parecen una invención irritante del destino. Todo aquello que nos desespera, en definitiva, no es más que el estado de nuestras emociones. Por lo tanto (opinión subjetiva) dejemos de dar el coñazo con la Navidad e intentemos no ser la explicación vulgar de “un rato”. ¿Han pensado en las supremas gracias que nos ofrece la soledad? Les invito a que lo hagan... En la cima de la evolución está el silencio; el mismo que cura nuestras amarguras y nos hace fuertes.

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