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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

24-D

Este año el turrón llega vía Zarzuela y la peladilla por Galapagar. Cierto que no se ha tenido todavía el arrojo para hacer un The Crown sobre la singular familia real española, pero nada mejor, en su defecto, que una inyección de realismo para la noche del 24-D. Los convivientes se sentarán a la mesa con las palabras de Felipe VI de mantel para comenzar, sin descanso, un banquete de Nochebuena con el eco acústico de las las anomalías de su padre, o bien sin nada sobre dichos acontecimientos inmorales. Sea una u otra opción, en la cena de Pablo Iglesias y familia (aunque no sé si lo celebran), con las bombillas led del chalet en intermitencia, creen estar en una coyuntura histórica, la anunciación republicana, por lo que afilan los cuchillos para trinchar la carne y lanzar en las redes sociales las consecuencias de lo dicho por su majestad. Por cierto, ¿a qué hora va a ocurrir? Los fontaneros no verían mal que se adelantase frente a la habitual 21.00 (una menos en Canarias), dado el toque de queda fijado como restricción por las miserias de la pandemia.

La tristeza infinita que expande el rostro del monarca podría, gran paradoja, reventar el share televisivo de la noche del 24-D, aunque los morados querrán discriminar entre el mero morbo por un parricidio afectivo en acción, o la constancia de que hay más monárquicos que republicanos. La vicepresidenta Calvo ha soltado ya un par de lonchas de pavo para que la audiencia vaya haciendo boca: sabrá darle a la opinión pública lo que quiere. No se recuerda nada igual: el hijo rey que recrimina al padre emérito su falta de honorabilidad, o no. Todo es una incógnita.

Está claro que no va a suceder lo que en el fondo quieren los de Podemos. Varios miembros del gabinete de Pedro Sánchez, sus rasputines de Moncloa, trabajan codo con codo con la Casa Real para que no exista el primer acto de una crisis monárquica, hipótesis que no paran de trasladar a su militancia. El 24-D va a quedar conformado para la historia como una Nochebuena bajo los rigores de la Covi-19, pero también porque el Ejecutivo socialista y el detentador de la Jefatura del Estado y mando supremo de las Fuerzas Armadas actuarán de manera coordinada para evitar el silencio de la complicidad. Por si acaso, llueven los mensajes sobre el Rey, que por ahora no ha querido entrar en la corrala, ni con su padre ni con los militares retirados que han pretendido utilizarlo para los quejidos de sus toques de corneta.

Lo que no va a ocurrir es que la velada televisiva comience siendo monárquica y que los primeros bocados de la cena pasen a ser republicanos, de acuerdo con el desencanto provocado por las palabras del Rey. Los españoles no somos como los estadounidenses, donde una frase mal hilada tira por el desagüe el potencial de un candidato. El gran aliado de Felipe VI para una noche tan sugestiva va a ser la desgraciada pandemia, a la que muchos querrán exterminar con un exceso de copas, comida, lágrimas, risas y confetis. ¿Qué más da? ¿Republicanos o monarquía? Lo importantes que todos podamos salir sanos y salvos del atolladero. El sentido afectivo estará por encima de las estrategias y las fechorías políticas, con pesar para los profesionales.

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