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Alfonso González Jerez

RETIRO LO ESCRITO

Alfonso González Jerez

Gobierno chamánico

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha apuntado que la situación sería “muy preocupante” si a los que menos ganan –los que cobran el salario mínimo interprofesional– no se les puede incrementar nueves euros mensuales, que es en lo que se materializaría lo que propone Podemos (un 0,9%) en el dispéptico seno del Gobierno. Díaz sabe perfectamente que en este país pululan curritos (contratados por falsas medias jornadas) que no ganan el SMI ni de lejos. Pero, en sentido contrario, ¿qué deslumbradora nadería representan nueve euros mensuales? Aunque en realidad la pregunta más adecuada para responder a la ministra es otra: ¿usted cree, con los datos laborales en la mano, que llamar “muy preocupante” a esta coyuntura socioeconómica no es un pelín redundante? Todo esto es alucinatorio. Si las ministras socialistas Nadia Calviño y María Jesús Montero cuestionan esa subida es porque se ha incrustado en el mismo paquete que subidas de las pensiones y el incremento de los emolumentos a los funcionarios. Una tasa de desempleo del 16,2% con 746.900 personas insertas en un ERTE a principios de este dicembre– con un coste global de 13.400 millones de euros desde abril hasta octubre. Cualquiera diría que, en efecto, la situación es muy preocupante. Pero hay que mantener la ficción a toda costa. La ficción de un país –o un conjunto hastiado de países– que ha incrementado su deuda pública, en apenas ocho meses, doce puntos porcentuales de su PIB. Esta idiotez autocomplaciente –no hay problemas de dinero, el BCE comprará toda la deuda que emitamos hasta final del milenio, la Unión Europea nos regará con miles de millones a fondo perdido, por no hablar de la financiación monstruosa a grandes proyectos que modernizarán la sociedad española sobre la base de una economía digital, ecológica y sostenible.

¿Reformas estructurales para cambios estructurantes en las administraciones públicas, en la gestión sanitaria, en la Seguridad Social, en la administración judicial? Ninguna. ¿Esfuerzo meritocrático? Cállate, facha. ¿Introducciones de criterios de corrección de las pensiones? Maltusiano de mierda, quieres enterrar a los viejitos. No hay que preocuparse para nada de la economía, sino de que funcionarios y jubilados vean como suben los haberes y a la chavalada bien explotada ponerles nueve euros más en nómina. De los mal explotados –a los que reparte comida en bicicletas o ciclomotores de los que pagan el seguro– ya habrá tiempo de dedicarse, y además no suelen votar. Nos envuelve una crisis épica, una amenaza existencial y social, una ruina arrasadora que aterroriza a la gente, pero nadie sufrirá de verdad. Nadie deberá esforzarse especialmente. Nadie –ya lo sabemos todos– se quedará atrás. Esto es como el videojuego: desempleo, violencia, desafección democrática, crecimiento de la desigualdad, cientos o tal vez miles de viejos falleciendo en residencias que no tuteló nadie, todo podemos apagarlo dándole a una tecla. Un Gobierno que más que socialdemócrata o populista es un Gobierno chamánico: no se ocupa de la realidad y sus complejidades, sino de que te sientas bien.

En una novela apocalíptica de Anthony Burgess un meteorito se acerca a la Tierra lo suficiente como para devastar ciudades y países enteros. Los científicos comunican a los políticos que el meteorito se acercará de nuevo y destruirá el planeta. Y el Gobierno federal comienza a gastar dinero a espuertas. Incluso reconstruye Washington en toda su esquiva pompa. Los más inteligentes leen correctamente la situación y comienzan a despedirse de los suyos. Los demás quieren creer que nadie se va a quedar atrás. Siempre puedes consolarte con que no hay un Gobierno bueno para el fin del mundo.

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