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Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Los indultos del 1-O

Por fin un soplo de cordura en medio del despropósito. Los fiscales del procés han planteado una conclusión irrebatible al informar en contra de los indultos a los separatistas condenados del 1-O. Nadie que no ha sido capaz de arrepentirse del delito cometido, siquiera de reconocerlo como tal, aceptando su responsabilidad en aquel alzamiento institucional, merece ser indultado. Es exactamente lo que piensa cualquier persona con cabeza y sentido de la equidad. Que el Gobierno, en función de sus intereses políticos coyunturales quiera retorcer de manera arbitraria el verdadero objeto excepcional de una medida de gracia es algo que se revuelve contra la justicia, incluso carece de utilidad pública.

Los fiscales recuerdan, además de la gravedad de los hechos, la reiteración de los condenados en su deslealtad democrática cuando no han dejado de insinuar y hasta de repetir que volverían a hacer lo mismo, escudándose en su falsa condición de presos políticos para seguir intentado desprestigiar a las instituciones del Estado. La prueba es que ninguno de ellos solicitó el perdón que se les pretende otorgar. La idea del Ministerio de Justicia de reformar el código penal para que el delito de sedición cometido por los golpistas del procés solo lo sea en el futuro en el caso de que se utilicen armas parece querer allanar el camino de nuevas tentativas.

Esta no será por las razones que todos conocemos la noche más buena, pero si se me permitiese expresar una voluntad sería la de poder conciliar el bien colectivo con la decencia. Este país nunca necesitó en las últimas décadas tanto de ese espíritu conciliador ni del buen sentido de sus gobernantes ofuscados en una especie de demencia infantil que hace como si todo pareciese estar aún más cuesta arriba de lo que está, que ya es decir.

“Ceguera, derrumbe de las noches”, escribió Ungaretti en Sentimento del Tempo, cuando la hora aterrada del cielo en el regazo vaga extraña. Mis mejores deseos ya los tienen.

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