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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Hoy sigues siendo un político

Si hacía falta alguna prueba de que tu principal motor de acción política es un resentimiento siempre operativo (una llaga abierta donde mojas los besos o la pluma) lo has demostrado en esa supuesta, superflua, patética réplica a un artículo opinativo. A ver cuando aprendes una evidencia que ya no es jurídica, sino cultural, y me refiero precisamente a la cultura democrática: todo texto periodístico no es replicable como derecho inalienable del ser humano. Esto no es El País, ni un servidor Manuel Vicent, pero imagino las carcajadas si alguno de los políticos retratados por el maestro valenciano –Fraga, Carrillo, Felipe González– hubiera solicitado pomposamente ejercer su derecho a réplica. El derecho a réplica no es una liandrera siempre a mano para peinarse a gusto los piojos del narcisismo. En tu caso, además, no es un derecho: es una técnica de poder que utilizas hace años. Solicitar imperiosamente réplicas, amenazar con acciones judiciales, advertir sobre inminentes malos tragos son tretas, no gestos de dignidad herida, y lo único que pretenden es acallar al periodista molesto y desanimar a los que pudieran serlo.

Una técnica de poder. Porque tú tienes y has tenido poder. Personalmente me estomaga ya esa victimización que practicas contigo mismo desde hace lustros y que el reverso de una soberbia siempre insatisfecha. La víctima es el hijo de una burguesía adinerada que no solo tuvo el privilegio de estudiar en la Universidad a principios de los setenta, sino de entrar en ella como profesor sin mediar concurso, al estilo de los viejos penenes. Y luego 40 años encadenando relevantes cargos públicos: director general del Gobierno autónomo, vicepresidente del Cabildo de Tenerife, senador y secretario general del grupo socialista en el Senado, diputado y portavoz del PSOE en el Parlamento canario, secretario general del PSOE tinerfeño, concejal y ahora responsable del área de Urbanismo del ayuntamiento de La Laguna entre otras minucias. Menuda persecución. Como para hablar de tú a tú con Nelson Mandela.

No, nunca es bastante. Reconocer lo que fue tu aguda inteligencia política y tu sólida capacidad de análisis, tu compromiso contra la dictadura franquista y tu brillante etapa como senador o aseverar que eras el único dirigente socialista que disponía de un proyecto diferencial para el PSOE tinerfeño no es suficiente. “Me presenté a las primarias, sabiendo que iba a perder, para levantar acta de mi rechazo a lo que venía; el pacto con CC”, reza en tu heroico exabrupto. Yo creo que te presentaste a esas primarias porque peligraba tu posición en el ecosistema de poder del PSOE, sabiendo que desde luego ibas a perder, pero quizás al frente de una minoría que obligase al ganador a cierta generosidad. No te salió bien, pero ahora no es esa la cuestión. La cuestión es que ni yo -ni nadie– está obligado a suscribir tus juicios y opiniones sobre tus propios actos. La cuestión es que tu empecinamiento pueril en que yo –o cualquiera–piense de Santiago Pérez estrictamente lo que piensa Santiago Pérez no es una demanda moral admisible en una sociedad democrática. Ni en la política ni en el periodismo. Ni siquiera en el mundo de los adultos.

Todo el mundo tiene derecho a construirse un personaje, a fraguar su propio imaginario, incluso a urdir una pinturera mitomanía personal. Parte de la tuya descansa en una épica “resistencia democrática” contra CC. Pero tú pactaste con ATI-CC. En 1995. Y firmaste el pacto con Elfidio Alonso para repartirse el gobierno municipal. Es fácil ser un guerrero solitario cuando nadie quiere pactar contigo, apoyarte como portavoz parlamentario o sostenerte como secretario general. Fuiste durante mucho tiempo un político socialista inteligente, abierto, decoroso y cabal. Hoy sigues siendo un político.

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