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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Un tiovivo inservible

Una vez más en el bucle del protocolo rígido o semirrígido, depende, contra la pandemia. Un modelo gráfico desde que se inició la emergencia sanitaria nos depara un dibujo donde tras el relajamiento de las medidas adoptadas, superadas por la realidad social, es necesario buscar a la desesperada la contención. La demostración más fidedigna son las navidades, donde la estrategia política contra la enfermedad acabó plegándose a la tradición masiva de las compras y a las salidas festivas para celebrar en petit comité en barras y terrazas, mientras en los salones familiares se imponía un régimen más espartano. El fracaso de este programa mixto de actuación -ternera gallega para la calle y papas pobres para el hogar- vuelve a quedar en evidencia por el alza de casos en los contagios en parte de las Islas, y como consecuencia de ello, límites más duros a la libertad con un toque de queda restrictivo y un reducción de los comensales a la mesa. Este tiovivo o carrusel no nos lleva a ninguna parte, a no ser que alguien sea capaz de apuntar algún tipo de beneficio al sistema de desandar lo andado en un plazo que no va más allá de un mes. Lo dramático, por utilizar el adjetivo más suave, es que todo el mundo da por asumido, incluido los expertos que diseñan las cortapisas colectivas, que tras la apertura siempre viene un cataclismo que convierte en una quimera cualquier atisbo de recuperación. Previo a las fiestas o ya en ellas todo hijo de vecino daba por hecho que tras los brindis vendría una nueva etapa de ayuno, que, según el gráfico de curvas, daría lugar a otra de estabilidad y mano blanda como preámbulo para alcanzar una siguiente con contenciones extremas, y así sucesivamente. En términos pragmáticos valdría la pena preguntarse si no sería más rentable abarcar el mayor periodo posible de restricciones, en el ámbito geográfico más amplio y con el máximo de afectados. El debate se arrastra desde el inicio de la pandemia y a raíz del éxito alcanzado por China, donde el régimen comunista permite vetos a la libertad e intimidad impensables en una democracia occidental. Sin llegar a extremos de vigilancia orwelliana, la sucesión de los acontecimientos hace necesario una revisión de la filosofía para frenar los contagios y evitar el colapso de los hospitales; un arsenal profiláctico donde conviven medidas extremas en el ámbito privado con otras inocuas para el espacio público. La hibridación hace inservible el conjunto, que no para de subir y bajar.

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