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Reflexión

España, una mina en tierras raras

Las denominadas “tierras raras” –que no son tierras, ni raras– eran prácticamente desconocidas por el público no experto hasta 2018, cuando estalló una guerra comercial entre Estados Unidos y China acerca de la telefonía móvil, teniendo como protagonistas principales a las empresas Google y Huawei. La iniciativa fue tomada por la administración de Donald Trump al imponer aranceles a productos procedentes del gobierno de Xi Jinping, alegando prácticas desleales en el mercado, acusaciones a las que respondió este último con la misma moneda. La realidad es que ambas naciones compiten por dominar las tecnologías del futuro, pero el país oriental juega con la ventaja de controlar la materia prima primordial.

Desde ese momento los medios de comunicación se encargaron de relatar todo tipo de detalles sobre los 17 elementos químicos que las componen: sus características, principales minas, distribución, utilidad, etc. Estos materiales críticos, conocidos ahora como el “oro tecnológico”, comprenden dentro de la tabla periódica el grupo de los lantánidos más el itrio y el escandio; se agrupan en unos 180 minerales y están caracterizados por poseer sobresalientes virtudes magnéticas, conductoras y luminiscentes, aplicables en telefonía móvil, medicina, televisores, aleaciones, automoción eléctrica, baterías, turbinas, fibra óptica, microprocesadores, iluminación, entre otros.

Las explotaciones más importantes del mundo se localizan precisamente en la República Popular China, en concreto en el distrito minero de Bayan Obo en la provincia de Mongolia Interior con una producción que sobrepasa el 70% del total global. Se trata de un reserva de hierro muy abundante en los minerales objeto del artículo –especialmente ricos en niobio–, destacando el fosfato monacita y el carbonato bastnasita, considerados como las dos menas principales de las tierras raras.

Europa es muy deficiente en estas sustancias químicas, por lo cual fueron declaradas materia prima prioritaria con el objetivo de paliar su dependencia exterior. Sin embargo, España representa un ámbito privilegiado donde existen concentraciones puntuales del ansiado maná con unos recursos potenciales nada desdeñables, aunque aún poco investigados.

El yacimiento más preciado por su facilidad de laboreo, dado que es un depósito tipo placer, se encuentra en Ciudad Real (Campo de Montiel) y corresponde a lo que se denomina “proyecto Matamulas”, donde se han encontrado sedimentos detríticos de monacita gris (grupo de cuatro minerales fosfatados derivados de rocas graníticas) con altos contenidos en neodimio, praseodimio y, sobre todo, europio, estimándose una producción anual del orden de las 2.100 toneladas, lo que representaría un tercio de lo que necesita la Unión Europea. Sin embargo la declaración de impacto ambiental negativa por las autoridades –alegando ser incompatible con la conservación de la biodiversidad– impide su beneficio.

Otro venero de gran interés se halla en Monte Galiñeiro (Pontevedra) donde existen enriquecimientos en tierras raras, estimándose que se podrían extraer unas 2.800 toneladas al año. El contexto geológico está compuesto por rocas graníticas metamorfizadas (tipo ortogneises) con cantidades variables de minerales accesorios, entre ellos bastnasita (con altos contenidos en cerio y lantano, y algo inferiores de itrio) y monacita. El proyecto cuenta con la oposición de varios colectivos sociales.

A los dos anteriores hay que añadir las concentraciones que se encuentran en el subsuelo de Fuerteventura. La mena está relacionada con vetas constituidas por minerales de tipo carbonatado (“carbonatitas”) dentro de rocas efusivas, conteniendo diversos tipos de tierras raras con una paragénesis mineral bastante similar a la descrita en la sierra gallega. Si bien las investigaciones preliminares sobre estos criaderos ya provienen de finales del pasado siglo, los últimos análisis realizados en Canadá con muestras procedentes de cabo Blanco certifican el hallazgo de hasta 8 kg por tonelada de material procesado, rico en cerio, lantano, niobio e itrio. Al igual que los casos precedentes, su posible aprovechamiento está muy cuestionado socialmente.

Sin duda, cualquier actuación minera lleva pareja una cierta problemática ecológica aunque es posible minimizar los impactos y garantizar una correcta restauración, no las chapuzas acostumbradas. La moderna minería dispone de tecnologías para asegurar el desarrollo sostenible y evitar la degradación medioambiental, todo ello al amparo de las restrictivas legislaciones existentes en España y en la Unión Europea.

La pregunta que se suscita ante las actitudes obstruccionistas a la minería es si en una sociedad desarrollada estamos dispuestos a prescindir, por ejemplo, del teléfono móvil, del televisor de pantalla plana, de la resonancia magnética o del ordenador, ya que todos ellos utilizan algún componente de los elementos mencionados. Viene como anillo al dedo recordar aquella frase evangélica, según la cual ¡quien esté libre de pecado que tire la primera piedra!.

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