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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Oro

Verdad que parece imposible imaginar un hecho aislado, como la ingesta de un pangolín infectado de Covid 19 por un chino en Wuhan, que pueda desencadenar una crisis universal parecida a la pandemia de 2020?

Pues me está rondando la cabeza un caso, tan posible e imprevisible como el anterior.

Desde los primeros alquimistas de la Edad Media hasta los científicos de nuestros días, el ser humano ha tratado de transmutar elementos pesados. La transformación más codiciada ha sido siempre la que desembocara en metales como el oro o el platino. Pues resulta que con experimentos recientes mediante reacciones nucleares, se ha conseguido transmutar átomos de plomo en átomos de oro. Lo malo es que los isótopos de oro conseguidos eran inestables, y se desintegraban en pocos segundos.

Hasta hoy. Se rumorea que varios científicos, especializados en la fusión fría, están muy cerca de conseguir una producción estable.

Imagínense por un momento que este centro de investigación, de localización secreta pero ubicado en EEUU, consiga la piedra filosofal, o sea producir a un costo moderado todo el oro del mundo. Para orientarles, se calcula que el oro extraído en la tierra hasta la fecha a lo largo de miles de años no pasaría de 160 000 toneladas y que cabría en un cubo de no más de 20 m de lado.

Las consecuencias de este hallazgo desafían la imaginación. Si el gobierno americano deseara, y consiguiera, mantener oculto su descubrimiento, podría restablecer el patrón oro del dólar suprimido en 1941 e ir devaluando en secreto su moneda, para amortizar a la chita callando su gigantesca deuda, en la actualidad cercana a los 20 billones de euros.

Si por el contrario, y lo más probable, se hace público el proceso de fabricación, estará este al alcance de cualquier superpotencia, y se hundirá la cotización del oro, poniendo en apuros a los grandes bancos centrales mundiales, tan propensos en los últimos tiempos, a reforzar sus reservas de oro. Por no hablar de la ruina de tantos y tantos particulares que en estos tiempos turbulentos han fiado su seguridad económica a la posesión del goloso metal.

Por otro lado, las atractivas cualidades del oro lo convertirían en un metal popular con un amplio espectro de aplicaciones, pero no ya sólo en joyería, degradada a pura bisutería, sino en multitud de aplicaciones industriales, gracias a lo inalterable de un metal a prueba de cualquier tipo de corrosión. Barcos con cascos revestidos de oro (sin pasarse en el grueso de la lámina, pues con un casco de oro puro, 19 veces más pesado que el agua, el navío terminaría en el fondo del mar). Y el efecto estético de miles de metros cuadrados de los techos de edificios revestidos del indestructible pan de oro, sería sin duda espectacular, y al atardecer con los reflejos del crepúsculo nos veríamos inmersos en ciudades salidas de nuestros cuentos de hadas infantiles.

Así que aquellos lectores que atesoren krugerrands sudafricanos, maravedíes castellanos u otras monedas de oro, quedan advertidos. Luego no digan que no les avisé.

(Artículo redactado el 28 de diciembre de 2019)

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