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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Canaringlish

Creo haber descrito aquí anteriormente lo extraño que me resultó adaptarme al tempo de Las Palmas, y de esto hace ya unos años, cuando llegué a Canarias como joven ingeniero residente para colaborar con una compañía canaria. Por de pronto la telefonista de la empresa me conectaba las llamadas con un cariñoso “te paso, mi niño”, apelativo que nada tenía que ver con mi bisoñez pues era el mismo para cualquier directivo. El ritmo de vida de la ciudad era como el propio idioma de los nativos, pausado, meloso y sin prisas. Si el coche que me precedía se detenía delante de un estanco paralizando todo el tráfico de la calle, para que el conductor se bajase a comprar el periódico, no era cuestión de echar mano de la bocina (aquí la pita): no, lo que procedía era esperar pacientemente a que hubiese adquirido el diario y que reiniciase la marcha, reciprocando con la mano el saludo cómplice del susodicho. De haberle reprochado su pachorra, lo más que hubiese conseguido habría sido una sonrisa, acompañada de un:”no me apure cristiano”. Y otra manifestación que me llamó la atención, en el habla tierna y alongada de los canarios eran ciertas curiosas palabras híbridas, mezcla de español e inglés, una especie de “spanglish” regional tan entrañable como original. Si me sentaba en una terraza a tomarme un whisky, me servían inexorablemente uno de la marca John Haig. Pero es que igual podía haber hecho como los locales, utilizando la expresión, devenida en genérica:”por favor un guanijay”. Si hubiese pedido un café con un trozo de bizcochón, me hubiesen servido un “queque” (del inglés “cake”). Prescindiendo de mi modesto automóvil, que no pasaba de lo que aquí llamaban “fotingo” (me dicen que de la etimología inglesa “foot in,..¡go!”) podría haberme subido a un autobús. Pero nadie me hubiese podido indicar la parada, pues el bus aquí se denomina “guagua”. Respecto al origen de la palabra el diccionario me remite a una posible distorsión de la palabra inglesa “waggon”. El ilustre filólogo y gran amigo M.T. me advierte que guagua es una importación de Cuba. Pero es que aún siendo un ejemplo de “cubinglish”, su raíz no deja de ser inglesa. Empero como génesis del neologismo yo prefiero otra, y además con lógica de proximidad añadida. La primera fábrica norteamericana en exportar autobuses a Cuba fue la Washington and Walton Company, familiarmente denominada Wa&Wa. Blanco y en botella...Como me indica mi amigo lingüista, la propia lógica del contacto entre ingleses y canarios hace que el origen de estos “híbridos” se ciña principalmente al campo y al turismo. Al típico cuchillo de labriego, con espléndido mango trabajado, se le conoce como “naife” (del inglés “knife”). Si nos fijamos en las patatas, aquí denominadas papas, al haber sido algunas plausiblemente importadas de Irlanda o de Gran Bretaña, llevan denominaciones de origen inglés: por ejemplo la “quinegua” (posiblemente King Edward) o la “autodate” (aquí los exportadores no se andaron con chiquitas y les endosaron a los canarios unas patatas ya caducadas, “out of date”). Otra palabra, también de origen inglés pero con parada y fonda en Andalucía parece ser el embudo, que en Canarias se denomina preferentemente “fonil” (del inglés “funnel”).

Y me pregunto en qué términos se hubiesen dirigido a mí de haber arribado por barco a la isla unos años antes. Posiblemente, como buen “choni” (del inglés Johnny) me hubiesen ofrecido en el mismo muelle sus productos de “cambullón” (¡”come, buy one”!).

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