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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

No nos vencerá

Han pasado más de tres semanas desde que se impusieran en la isla de Gran Canaria las nuevas restricciones, después de que aumentaran los contagios tras las fiestas navideñas. Supongo que igual que a mí, a muchos de ustedes –además de la gravedad de la propagación del virus–, les preocupó la economía de la isla, bastante afectada ya por la poca recepción de turistas o el problema migratorio. Si no podíamos tomarnos un café en el interior de un bar, ¿qué sería de todas las cafeterías o restaurantes que no disponían de terrazas? Con ese runrún me fui a la cama después de que salieran publicadas en el BOC las medidas. Los dos primeros días fueron bastante tristes hasta que el tercer día vi cómo las aceras de la capital (y de muchos pueblos de la isla) se convertían en terrazas improvisadas y hasta los huecos de los aparcamientos fueron sustituidos por mesas y sillas protegidos del arcén por vallas de maderas o cinta. Asistimos a una resurrección del ingenio popular. Cualquier invento era válido con tal de evitar más penurias, más familias en la quiebra o más cierres de locales cuyos dueños habían levantado de la nada con horarios tortuosos y mucho sacrificio. Porque no es justo que por la falta de conciencia y responsabilidad social, tengan que pagar las consecuencias los pequeños empresarios cuando el nuevo brote de contagios se dio en las reuniones familiares de Nochebuena, Fin de Año y Reyes. La gente volvió a echarse a la calle, como buenos terraceros que somos, para disfrutar y mantener la economía de la isla desde dentro. Porque los canarios somos un pueblo solidario y no es la primera vez que tenemos que unirnos para salir adelante. Sigamos siendo ese pueblo orgulloso de su gente, orgulloso de su Tierra, pero esta vez hagámoslo también con la consciencia de unidad, no solo para salvar la economía, sino para salvarnos unos a otros del virus. Si lo frenamos, todo lo demás se irá colocando en su sitio. Cada uno de nosotros tiene la vacuna del sentido común: póntela y pónsela, y este virus no nos vencerá.

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