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Juan Francisco Martín del Castillo

El cuento migratorio

Es curioso cómo maneja la izquierda la información. Curioso y sintomático. Por un lado, lo que no está bajo su dominio intelectual pasa a ser fábula, bulo o, directamente, y como ahora se dice, fake news. Por otra parte, busca y ansía controlar ese relato con los fines que uno se puede imaginar, que van desde la fijación del mismo relato de lo real hasta el adoctrinamiento social. Ambas facetas se han vuelto a poner de manifiesto con el fenómeno de la inmigración irregular en Canarias. Sean las sucursales locales de parecida ideología, sean los medios nacionales, y ya no hablo de los supranacionales, el objeto es sumir la información y su tratamiento en las coordenadas del pensamiento progresista. Con la situación de la inmigración en las Islas ni siquiera ocultan el fin perseguido. Sin embargo, es hora de desenmascarar el relato, la novela o el cuento que se traen entre manos los devotos de la progresía, porque está comprometiendo a un pueblo por entero y a la libertad de información y de expresión. La última evidencia la hemos conocido a través del “periódico global”, que no ceja en surtir de una lectura sesgada de la realidad, justo la que interesa a la parroquia progre. Según las gradas de El País, la sociedad isleña, poco más o menos, está en las calles “fumando porros” a la espera de encontrar al pobre inmigrante con el que desahogarse a fuerza de golpes. Acto seguido, lo de la xenofobia, el “barril de pólvora” o “el estallido social” ya vienen de suyo. Por lo tanto, falta pedagogía, empatía con el foráneo y toda esa suerte de pastiche que acompaña al cuento de las izquierdas. Y uno dice: ¡Basta!

Un autor francés, Paul Nizan, en absoluto sospechoso de derechismo, escribió en La conspiración (1938) algo muy atinado: “La invención de una novela les pareció concordar con las fantasías que atribuían a los intelectuales” (cap. IX). Esta es la norma que obedece a pies juntillas el vocero principal del progresismo hispano. Construir una novela, una fantasía, yo prefiero un cuento, con el que mantener ocupadas a las masas que ignoran el problema real de la invasión migratoria en Canarias y, sobre todo, en la isla de Gran Canaria. En psicología social, existe una acción, llamada sobregeneralización, que puede ser utilizada a gusto del interesado para provocar que un discurso sea el prioritario, por encima de la verdad de las cosas. Esto es lo que está sucediendo con la izquierda mediática. Como no entienden lo que ocurre, como, además, no puede concebirse en los términos de su ideología, inventan, tergiversan, y hasta insultan y desprecian a quienes ofrecen una noticia más apegada a los hechos. Por supuesto, en Canarias hay una tensión creciente en torno a la inmigración, y hay miedo, y hay xenofobia y hasta racismo. Pero, de ahí a que se manipule a la opinión pública, hay un trecho muy grande, que es el que separa la mentira de la verdad.

No, Canarias no es racista, como tampoco son xenófobas sus gentes. Lo que las Islas necesitan es lo que España demanda, una política de respeto hacía sí misma y sus fronteras. Cualquier país serio comienza por hacer respetar sus límites territoriales, proteger a su población y definir los derechos y obligaciones de los extranjeros, en situación legal o no, que llegan a sus dominios. Tan simple como eso. Esta es la verdad, la pura verdad, otra cosa es el cuento de las izquierdas y sus medios afines.

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