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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Breverías 86

Ha llegado uno a una edad en la que las sienes plateadas debieran ir aparejadas con cierta sabiduría consustancial a dicha “juventud acumulada”. Aunque solo sea para poder atender cualquier inquietud de los nietos. Porque en cuanto a los hijos es bien conocido que con el paso de los años más que pedir consejos, te los regalan o te los prescriben.

Pues bien, en los últimos días me han ocurrido dos incidentes que me van a dar pie a uno de esos enunciados que cabe esperar de un abuelo. El primer incidente fue una venta hace un par de días de unas acciones cuyo valor, nada más desprenderme de ellas, se disparó en bolsa. Y el segundo incidente hace apenas unas horas una sanción, merecidísima por cierto, que me fue perdonada por el agente de turno. Para evitarme una cola de coches cogí un atajo por el carril bici/patineta, triquiñuela que según me informaron conllevaba una multa de 400 euros y retirada de 3 puntos de carnet. Pero a lo que iba: he estado reflexionando y me estoy dando cuenta que la venta de las acciones me persigue hasta en el sueño, mientras que la magnanimidad del agente ya se me estaba olvidando. Pues muy mal. La moraleja, atentos queridos nietos, es que es preciso saborear el feliz desenlace de un incidente con la misma intensidad con que lamentamos y nos curamos las heridas de un disgusto. Y si conseguimos regodearnos de nuestra buena fortuna a la par que somos capaces de relegar a la buhardilla de nuestra memoria los recientes infortunios, habremos cuadrado el círculo.

Estoy hasta el gorro de escuchar de boca de distintos portavoces del gobierno, que “la presión fiscal de España es 7 puntos inferior a la de la media europea”. Como este mantra suele ser la coartada para el anuncio de nuevas tasas y gravámenes, me gustaría recalcar lo siguiente. Lo determinante no es la presión fiscal, sino el esfuerzo fiscal. Veamos. La presión fiscal se define como la relación entre la recaudación tributaria de un país y su producto interior bruto. Mientras que el esfuerzo fiscal es el porcentaje de lo que se gana destinado al pago de impuestos. Comparemos España con un país como Suecia, de siempre vistiendo el sambenito de nación con una de las mayores cargas impositivas de Europa. En España la presión fiscal es al día de hoy el 37%, mientras que en Suecia es del 43,6%. Pero Suecia, con una mayor productividad e ingresos por capital que España. sufre un esfuerzo fiscal por debajo del de España. En otras palabras, si subes los impuestos sin crecimiento de la renta per cápita lo único que conseguirás es incrementar el esfuerzo fiscal. En términos de esfuerzo fiscal, España es de los países más sufridos, el cuarto de Europa, superado por Francia pero por encima de Suecia y Alemania.

Creo que la mejor manera de ilustrar lo anterior es imaginarse un levantador de pesas modelo Hulk, al que le hacen levantar 100 kgs, y otro modelo Ratón Mickey al que le tocan 80 kgs.

Aunque el primero pueda hacerlo sin despeinarse, y la presión de carga de Mickey sea un 20% inferior a la de Hulk, no me extrañaría que el esfuerzo requerido terminara con el pobre ratón en el hospital.

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