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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Estúpido, no es Génova, es Vox

El final indecente de la sede de Génova quieren convertirlo en un vulgar remedo del gran incendio de Roma (Nerón), con llamas que devoran sin compasión alguna. Ni el edificio es una maravilla del mundo ni un acervo de conocimientos, sino una colección de despachos a los que difícilmente se les podría dar una vida en armonía: una organización interna jerarquizante y añeja, y un búnker de secretos cuya aluminosis ha acabado ante los tribunales con Bárcenas de maestro mayor de obras. Pero lo más inquietante es que detrás de esta búsqueda de la redención a través de la demolición arquitectónica se encuentra la ultraderecha, que hace tiempo salió de allí con el buche hinchado por las viejas proclamas autoritarias del corsario Manuel Fraga y que ahora aspira a hacerse con los votos del hartazgo. Los 52 diputados de Vox en el Congreso de los Diputados son los buitres que se lanzan en picado sobre Pablo Casado mientras hace la mudanza. Su PP no ha logrado sacudirse las liendres corruptas que incubaron Aznar y Rajoy. Pero su problema básico no es la falta de una fumigación rápida y eficaz, más veloz que el paso del tiempo o que una refundación en una sede transparente y con muebles nórdicos. No, la reencarnación o desgenovización no deja de ser una cirugía estética con un botox indonesio. No, lo verdaderamente explosivo -no sólo para el PP, sino para todos- es el auge de los de Abascal, que con sus once actas en el Parlament de Catalunya -irrupción escalofriante- alcanza la normalización como fuerza política de presencia inevitable en el mapa nacional. El rechazo a Génova o el asco a sus paredes nos afecta, nadie con medianas ideas sobre lo que está bien o mal aplaudiría para este país una radicalización de la derecha, es decir, una caída estrepitosa del PP y una solidificación de Vox. Para completar el catálogo de reformas, el líder popular debería empezar a alejarse de un partido que deteriora sus raíces, hasta el punto de haber sido una marioneta -la votación de los fondos europeos- de un Sánchez asquerosamente maquiavélico y de un Abascal repulsivo. El PP es ahora mismo un partido en crisis: le persigue la etapa más cutre de Génova y toma decisiones inconcebibles: sin ir más lejos llevar al Constitucional la gestión del rescate poscovid de la UE, la herramienta para salvar la economía de España. Pero estas cosas no se solucionan, por desgracia, con un mero cambio de sede institucional, ni con una similar al Apple Park de Jobs y Foster.

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