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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Quemando la libertad

Podemos olvida que sus primeros éxitos electorales tuvieron que ver con la acampada pacífica en la Puerta del Sol, de la que salió una corriente de simpatía transversal que los convirtió en potables electoralmente hablando. El apoyo de Echenique a los disturbios violentos por el encarcelamiento del reincidente rapero Hasél no tiene nada que ver con aquel espíritu. No, más bien está vinculado a la ansiedad de los morados por significarse frente a los socialistas, una posición que ha creado una factoría a la que van a parar todos los días discrepancias y tensiones entre los socios. Las contaminantes calderas no dan abasto. Resulta patético que el portavoz parlamentario de Podemos anime a adolescentes descerebrados a lanzarse a la calle en defensa de la libertad de expresión, cuando ellos mismos no la respetan: rompen comercios, mobiliario urbano y acosan a la ciudadanía. Y Echenique los anima porque son antifascistas: los fascistas son los que en defensa de la libertad de expresión ponen una ciudad patas arriba. El parlamentario de Podemos avala con sus palabras situaciones tan dramáticas como la de la joven que perdió un ojo por el disparo de un antidisturbios. Una amiga de la víctima hacía un relato de la protesta en Barcelona: se fue a un contenedor de cristal y agarró varias botellas. Las lanzaba desde lejos. Un policía disparó una pelota (no de goma) y ella se agachó, el impacto alcanzó a la persona que estaba detrás, que cayó herida. Dijo sentirse culpable, pues el proyectil iba contra ella, contra una extremidad de su cuerpo, y no contra el ojo extirpado. Limitar la libertad de expresión aplicando penas desproporcionadas merece una recapitulación legislativa, pero nunca una cadena de revueltas callejeras de expertos en la materia que deslegitiman un objetivo abierto a la reflexión. Podemos forma parte del Gobierno, pues que active la iniciativa para reformar la ley mordaza en vez de dedicarse a bendecir experimentos que tendrían cabida en una clase de Pablo Iglesias en la Facultad de Ciencias Políticas, pero no en el contexto de un país que hace recuento diario de muertos por la pandemia. Esta revolución de pacotilla acabará pasándoles factura, igual que a Sánchez, que se ve incapaz de frenar las ocurrencias de su compañero de viaje. ¿O quizás sea su mejor venganza por los desaires recibidos contra los pilares del programa de Podemos? Sí es así, mala cosa es buscar el consuelo animando a la quema de contenedores en las calles.

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