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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

La Curva de Laffer

No soy muy amigo de los gráficos, y me temo que tampoco muchos de mis lectores. Tal vez hubiese sido más psicológico titular este artículo: ”¿Por qué una reducción de la presión fiscal puede resultar en un incremento de la recaudación?” o bien, visto desde la Administración: ”¿Cuál es el límite de la presión fiscal a partir del cual la recaudación baja en vez de subir?”.

Lo que pasa es que el gráfico en forma de campana presentado por el economista Arthur Laffer, asesor del presidente Reagan, ilustra bastante bien una aproximación a la variación de la recaudación de impuestos en función de la tasa impositiva. Y en vez de mencionarla, como ya creo haberlo hecho en algún escrito anterior, permítanme que la adjunte.

Simplificándola a efectos didácticos, puede representarse como una campana, poniendo en horizontal el porcentaje de impuesto sobre los ingresos del sujeto fiscal y en vertical la correspondiente recaudación de hacienda. Como es natural en el inicio de la curva no hay impuestos ni por tanto recaudación alguna. A medida que va incrementándose la presión fiscal va aumentando lógicamente la recaudación en toda la zona A. Pero el incremento no es ilimitado; al llegar al punto de inflexión B, en lo alto de la campana, vemos que la curva empieza a descender; en otras palabras un incremento del impuesto no conlleva un aumento de la recaudación sino una merma, que encima va in crescendo cuanto más se aprieta al contribuyente. El punto B viene a ser el umbral del dolor a partir del cual el sujeto fiscal no responde. O bien ha tenido que cerrar el kiosco por un esfuerzo imposible de soportar, o se ha ido a la economía sumergida, o se escaquea y hace trampa mintiendo como un bellaco sobre sus ingresos reales. Vemos que en toda la zona C, cuanto más se grava al contribuyente, peores son los resultados recaudatorios. Hasta llegar al final de la curva, donde un 100% de gravamen desmotiva hasta producir una recaudación del 0%. Del mismo modo podemos apreciar cómo una reducción del 80 al 50% de la presión fiscal tiene como resultado una mayor recaudación que pasa de R2 a R1.

Es obvio que en la zona C nos encontramos con que el esfuerzo fiscal es desmesurado, pues a partir del tope B el sufrido contribuyente, frito a impuestos, no da más de sí.

Y está claro también que la opinión interesada del contribuyente argumentará que él se encuentra claramente en la zona C, y que lo que procede por parte de hacienda es bajarle los impuestos para obtener una mayor recaudación. Y se ha constatado en algunos casos, como en Suecia hace tiempo, y en la Norteamérica de Trump recientemente, cómo una reducción puede llegar a animar la actividad económica y a pesar de reducir la presión fiscal, la recaudación total aumenta, entre otras razones por crearse mayor número de contribuyentes.

En este país, donde se confunde, a veces interesadamente, la presión fiscal con el esfuerzo fiscal, es posible que nos encontremos más próximos a la zona C. Pero será difícil con los mimbres ideológicos de la actual coalición de gobierno, y la soterrada demonización de las clases más pudientes, que se llegue siquiera a reconocer tal estado de cosas.

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