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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Ángel Tristán Pimienta

Apuntes

Ángel Tristán Pimienta

Periodista

Cambio en una ULPGC al borde del precipicio

La elección como nuevo Rector del prestigioso catedrático Lluis Serra se ha producido en un momento crítico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Esto es lo que hay. Aparte de los discursos floridos hechos de patriotismo de campus y perendengues y de la habitual retórica de despiste para ocultar los problemas propios y ser más felices y vivir más confortablemente sin agobios… la verdad es que la ULPGC ha ido de mal en peor.

No solo se ha desapegado de la sociedad que la parió, alejamiento que ha adquirido tintes de ninguneo y acoso en el trato al Consejo Social, con claro desprecio y desacato a la Ley Orgánica de Universidades y a la ley de Consejos Sociales de Canarias, sino que esa misma sociedad se ha ido alejando, defraudada, de esa Academia llena de ilusiones de presente y de futuro que con tanta ilusión y empuje creó.

Trescientas mil personas, no habían terminado de salir de Alcaravaneras cuando ya rebosaba Santa Ana, fueron la espoleta para poner en marcha ‘Ahora Sí’, era el lema, la vieja reivindicación de una universidad completa en Gran Canaria.

Los números son los números. En junio de 1997 la ULPGC tenía 23.000 alumnos, 1.400 profesores y 700 PAS (Personal de Administración y Servicios). En la actualidad los alumnos de Grado son unos 15.400, aunque la cifra sube a unos 18.000 si se le suman los de máster (1.200) y los de doctorado (sobre 750); el número de docentes es similar. Una diferencia con lo anterior: las carreras duraban cinco cursos, y ahora uno menos, cuatro.

El problema es que esta fuga de matriculados no obedece a una circunstancia concreta, como pudiera ser una crisis económica: hay una tendencia que se mantiene en los últimos años. La ULPGC pierde estudiantes mientras las privadas ganan. La Fernando Pessoa a pesar de su juventud ha llegado a la barrera de los mil. Además, en los últimos cursos el traslado de matrícula a otras universidades españolas ronda los 1.500.

Lo cierto es que no se puede ocultar la sensación de fracaso vital. En 2016 el Consejo Social sacó su primer barómetro dedicado a los estudiantes de la ULPGC. 1.010 entrevistas para un total de 15.785 matriculados de grados y dobles grados presenciales. Preguntados sobre su valoración de la enseñanza universitaria que recibían sólo el 20.3 % la consideraba buena; el 16.7 % la estimaba mala, y el 63% la calificaba como regular. O sea, en otras palabras: mediocre.

A la vista de esos datos se hizo otra pregunta: ¿Volvería usted a elegir la ULPGC? El 40,1% elegiría otra, que empatar prácticamente con el 39,8% que volvería a elegir la ULPGC. El 20,1% no tenía las ideas claras y engrosaron el grupo de ‘no sabe/no contesta’.

Pero esos datos no eran suficientes: la cantera a corto y medio plazo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria son los alumnos de bachillerato. ¿Qué piensan sobre su futuro? ¿Conectarían estos resultados con los anteriores? Pues la encuesta monográfica de 2019 refleja que el 35% elegiría la Universidad de Las Palmas, pero la mitad, el 17,5 % otra universidad pública española; el 6,5% la Universidad de La Laguna; el 1,5% una privada en las Islas; el 3,8% una extranjera, y el 18,9 por ciento un ciclo formativo superior. Un 1,6% manifestaba que no seguirían estudiando.

Esto es lo que hay. El Titanic no vio el iceberg; y su capitán no supo reaccionar. Pero la pérdida de alumnos no es el único dato preocupante: cada día más empresarios apoyan a las universidades privadas en detrimento de las públicas. Un informe de la DG de Universidades del Gobierno de Canarias certificaba por esas fechas, encima, que la ULPGC era una de las universidades más ineficientes de España. No es extraño: una maliciosa y perversa confusión entre autonomía y soberanía universitaria permite que un significativo porcentaje de profesores den menos créditos (horas de docencia) que el mínimo legal.

Sin duda es por la maldita presbicia: no deben apreciar la coma que parte en dos el artículo 27.10 de la CE: “Se reconoce la autonomía de las universidades, en los términos que la ley establezca”.

Por su parte casi todas las universidades públicas están en franca rebeldía frente al Tribunal de Cuentas, o a las audiencias autonómicas: se niegan a poner en marcha una recomendación que se torea desde 2011: la contabilidad analítica. Por supuesto las dos universidades canarias no le hacen ni caso a las reiteradas recomendaciones de la Audiencia de Cuentas; hasta que se harte el Gobierno de los cheques en blanco.

El desapego de su entorno de la UPGC, cuyas circunstancias de nacimiento crean una indudable fuente de legitimidad cívica, se ha visualizado en los últimos años en el boicoteo a las funciones de control financiero y de la calidad de los servicios que tiene encomendadas el Consejo Social. El establishment es mucho establishment.

Cuando la Universidad soñada fue una realidad en el BOE y en los diversos campus la Comisión Promotora – algunos llaman a sus miembros Padres Fundadores– cesó en sus funciones. En un comunicado lleno de emotividad y trascendencia –uno de cuyos originales impresos guardo– se decía, copiando y desarrollando un párrafo del Preámbulo de la LRU, que la universidad no es “patrimonio exclusivo de la comunidad universitaria”.

Esta idea fuerza –que ha ido perdiendo fuelle por el peso de la endogamia y los intereses creados y en expectativa de crearse– la repetía en sus discursos lleno de firmeza y cortés solemnidad el rector Francisco Rubio Royo. En la apertura del primer Curso Académico, el 16 de octubre de 1989, decía que “entre todos vamos a conformar una universidad moderna y progresista. Una universidad que sea patrimonio de la sociedad y no patrimonio exclusivo de los miembros de la comunidad universitaria (…) Que nadie pretenda confundir autonomía con soberanía…”

Las veía venir. Quizás pensaría que quien nace lechón muere cochino.

Por eso destacó ya el relevante papel del Consejo Social: “…El de la ULPGC, y me enorgullezco al proclamarlo, fue el primero y el que con mayor convencimiento asumió, en todo el Estado, el papel que dicho órgano debe desempeñar en una universidad moderna y progresista, como a la que aspiramos”.

Pero no pensaban lo mismo los sindicalistas de la Junta del PDI que le dijeron al Presidente del CS que no se tenía que haber metido contra la endogamia en su discurso de toma de posesión “porque lo que llama endogamia son derechos sindicales adquiridos”. Manda carallo….

Suerte, vista y al toro, rector Serra. Y mucho con los cuernos. Y con los virus rebeldes a los tratamientos, y con sonrisa de tiburones.

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