Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Punto de vista

Empatía

Solos y abandonados” es el sentimiento que han transmitido las autoridades canarias ante la crisis migratoria que ha cerrado el año pasado con la llegada de más de 32.000 inmigrantes, que siguen arribando a nuestras costas con el año entrante.

Mientras se intentan buscar soluciones ―campamentos, hoteles, ahora antiguos regimientos―, se han producido algunos altercados cuya difusión está provocando la sensación de inseguridad ciudadana en las islas y está fortaleciendo la idea de que inmigración es sinónimo de delincuencia.

Sin embargo, podemos comprobar que, según los datos de la Delegación del Gobierno, tanto en San Bartolomé de Tirajana como en Mogán (donde se encuentra alojada la mayoría de inmigrantes), han bajado los índices de criminalidad y delincuencia. ¿Por qué razón, entonces, existe la sensación de que los recién llegados son una amenaza?

Lo desconocido siempre nos asusta, y en una sociedad en la que nos llega directamente al móvil información que no sabemos si es cierta (que a veces está manipulada), resulta difícil dar por falsas algunas ideas que se nos presentan como verdades absolutas.

Sin embargo, si de entre más de 32.000 personas (el equivalente a la población de una localidad pequeña como Agüimes) se han producido algunas peleas sin consecuencias en un año, ¿no es esto, en realidad, normal para un colectivo que ha arriesgado su vida, ha perdido a muchos seres queridos, ha sido hacinado en un muelle y luego ubicado temporalmente en hoteles sin poder trabajar?

Porque no olvidemos eso: el mayor objetivo de un inmigrante al dejar atrás todo lo que ama y arriesgar su vida es trabajar para mandar dinero a su familia. Cuando los vemos por la calle o en la terraza de un hotel no están de vacaciones, están esperando el momento de poder sacar a sus familias de la pobreza absoluta o de la muerte, de hacer aquello por lo que ellos mismos casi se dejan la vida. Y ese momento tarda meses, a veces años. ¿No es normal que, con tanta presión, algunos estallen igual que estallamos nosotros?

Como Mouhcin, que se subió a la patera y tuvo que dejar en su país a su mujer embarazada. Todavía no ha podido conocer a su hija, a la que solo ha visto por fotos. ¿Quién haría esto si no fuera porque no le queda otra salida?

Podemos adivinar cómo se sienten él y sus compañeros de viaje: “solos y abandonados”, exactamente igual que los canarios. Ahora que los entendemos y que nos damos cuenta de que son personas, como nosotros, que se sienten igual de perdidas, unámonos para pensar juntos soluciones que nos quiten a todos el papel de víctimas y nos conviertan en protagonistas de la creación de alternativas.

Convirtamos lo negativo en positivo, la crisis en oportunidad. Porque lo cierto es que ni ellos ni nosotros tenemos la culpa de lo que está pasando. Si a nosotros nos encerraran sin comida y sin agua en una casa, también intentaríamos salir, por más que nos dijeran que es ilegal. Y así lo hemos hecho los canarios en otros momentos de la historia. Los problemas que provocan esta situación son mucho más profundos, y es ahí, a las raíces, adonde tenemos que ir: causas como la distribución de los recursos entre ricos y pobres, los conflictos bélicos por no reconocer que la Tierra es un solo país, los desastres naturales provocados por la falta de cuidado de nuestro medioambiente, etc. Podemos pensar que estos problemas nos vienen grandes, pero la única forma de solucionarlos es que cada uno aporte su granito de arena. Evidentemente, no se resolverán de un día para otro, se trata de grandes proyectos a largo plazo, pero su urgencia nos anima a empezar desde ya a trabajar y a pasarle el testigo a nuestros hijos.

Un maestro espiritual de Persia llamado ‘Abdu’l-Bahá (fallecido hace 100 años) decía: “piensa en toda la humanidad como en tu amiga, y considera al extraño como a un íntimo, al extranjero como a un compañero, libérate de prejuicios y no dibujes líneas”.

¿Hay algo que pueda dar mayor sentido a nuestras vidas?

Compartir el artículo

stats