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Entender + CON LA HISTORIA

Al centro de la Tierra con sotana

Mientras el firmamento nos seduce, olvidamos que el interior de nuestro planeta está lleno de misterios que esperan a alguien que se atreva a desvelarlos. Norbert Font Sagué fue uno de ellos. 

La presencia mediática de la ciencia parece una metáfora del comportamiento humano, que disfruta más mirando hacia fuera que hacia dentro. Hace un par de semanas nos cansamos de hablar de Marte y misiones espaciales. La proeza fue portada. Y con razón, todo hay que decirlo. Ahora bien, se acaba de anunciar un descubrimiento que cambia los conocimientos geológicos de la Tierra y nadie hace ni caso.

Según ha publicado en el Journal of Geophysical Research la investigadora Joanne Stephenson, de la Universidad Nacional de Australia, todo apunta a que hay un núcleo aún más interno dentro del que ahora se define como “núcleo interior”, donde se llegaría a más de 5.000 grados, una temperatura similar a la que hay en el Sol.

Se ve que esto de la introspección como especie no lo llevamos demasiado bien, ni la individual ni la geológica. Tampoco es extraño porque adentrarse en las profundidades de la Tierra impone. En muchas culturas el mal siempre se esconde bajo nuestros pies. El cristianismo, sin ir más lejos, aseguraba que era el lugar reservado para las calderas del infierno, donde se asaban los pecadores. Por eso aún es más gracioso saber que el pionero de la espeleología catalana fue un sacerdote llamado Norbert Font Sagué.

Primera expedición

Nacido en 1873, desde su época de seminarista era aficionado a la historia y las ciencias. Y cuando solo tenía 18 años ya entró en la cueva del Ordal, donde hizo una primera exploración. Tres años más tarde, en 1894, se hizo socio del Centro Excursionista de Cataluña y empezó a colaborar con la entidad. Fue así como se incorporó a la expedición que hizo el francés Eduard Martel en Cataluña en 1896. Llegaba la espeleología a nuestro país.

Martel era un ávido lector de Julio Verne e, inspirado por su famoso Viaje al centro de la Tierra, había comenzado a explorar las entrañas del planeta. En Cataluña visitó la cueva del Salitre de Montserrat y la cueva Fou de Bor de la Cerdaña cargado con escaleras de madera, cuerda de cáñamo, tiendas de campaña, un aparato fotográfico, alimentos... ¡e incluso una barca! En total 500 kilos de material.

Gracias a esta experiencia Font después pudo explorar por su cuenta otros lugares con el objetivo de elaborar el catálogo espeleológico de Cataluña. Comenzó en 1897, en la sima de Sant Sadurní, donde llegó a 75 metros de profundidad.

El hecho de que en 1900 fuera ordenado sacerdote no fue impedimento para continuar sus campañas e incluso viajó a África. En 1902, el marqués de Comillas, Claudio López Bru, lo envió a la zona de Río de Oro (Sáhara) para encontrar agua potable en esa zona. Hay que tener en cuenta que entonces todos los países europeos hacían lo imposible para controlar una parte del continente africano para extraer todos los recursos posibles y extender su dominio colonial. España, alegando la proximidad territorial, quería hacerse con el norte, pero la pérdida de las últimas posesiones de ultramar en 1898 pronto puso en evidencia que era un país sumido en un profunda crisis, incapaz de estar a la altura de las verdaderos grandes potencias del momento.

En cuanto a nuestro protagonista, todo apuntaba a que se convertiría en uno de los grandes científicos de su generación. Después de haber estudiado Ciencias Naturales, en 1904 ocupó la cátedra de geología de los Estudios Universitarios Catalanes, un organismo creado como respuesta a la negativa de la Universidad de Barcelona a utilizar la lengua catalana en las aulas y con la voluntad de modernizar la anticuada enseñanza superior española.

Todo indicaba que sería el sucesor del doctor Jaume Almera al frente de la dirección del Museo Geológico del Seminario, pero en 1910 murió a causa del tifus que contrajo en Osona, donde había ido para inspeccionar una sima situada cerca de Vic. Solo tenía 37 años.

Gracias a su ingente labor científica, muchos pudieron seguir su camino. Para recordar su figura, la Federación Catalana de Espeleología otorga el premio Norbert Font Sagué.

Vestigio

El mamut del parque de la Ciudadella

Con la voluntad de acercar la geología al gran público, Norbert Font Sagué creó el Museo petrográfico al aire libre en el parque de la Ciutadella, en Barcelona. La pieza estrella de aquella muestra era el famoso mamut de piedra. Aunque el museo desapareció en 1923, el prehistórico animal sigue en pie como saben los niños de la ciudad que siguen trepando en él cada día.

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