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Javier Durán

reseteando

Javier Durán

Periodista

Rocío y el matadero

No vamos a seguir el rastro de lo hiperbólico y a jalear que los bucaneros de la telebasura han descubierto para este país el maltrato machista a través de Rocío Carrasco, sobre todo por el largo historial de víctimas mortales que existe y por toda la gente que trabaja desde hace años contra la tremenda lacra.

Hay que aplaudir que estos despilfarradores de las miserias ajenas contribuyan ahora a expandir por un medio de difusión masivo el terror de muchas mujeres, aunque hubiese estado más que bien un rótulo con la advertencia de que se trata de una exclusiva pagada de forma esplendorosa.

Me parece magnífica la oportunidad para concienciar, pero que no se nos borre de la cabeza de que si existe Rocío. Contar la verdad para seguir viva es porque ellos -los autoinvestidos de defensores- llevan desde haces años echando piltrafas en el pozo. Y lo digo en plural porque ella y él están conformados bajo el ecosistema enfermizo de las audiencias, por el morbo extraordinario que fomenta el dolor y el odio. Resulta mortificador que feministas, madres, partidos, colectivos, hijos y padres lleven desde hace décadas con denuncias y manifestaciones contra esta brutalidad, sin que el objetivo de la paz final pueda ser acariciado. Y más indignante aún es que los que mecen la mano de la cuna se hagan con el trofeo. Pero es la época. Me temo que estas entregas que paralizan a un país entero frente a la escenografía televisiva darán lugar, ojalá no, a un bucle que acabará retroalimentando la carnicería de los sentimientos y las rivalidades.

Parece que se ha levantado la cimentación de un derbi, un partido a cara destrozada donde hay que decidir quién tiene la razón y quién realmente es el maltratador. Un problema de conciencia, con hijos estúpidamente descuartizados, que se trata de dilucidar bajos los efectos psicotrópicos del espectáculo. Asistimos por tanto a un laboratorio, hasta el punto de que en la primera noche de la exclusiva, entre los tertulianos, hubo hasta tímidos ataques de sinceridad al reconocer que ellos mismos habían contribuido para llevar a la protagonista al matadero en que se había convertido su vida. Este experimento de blanqueamiento de los perseguidores de carnaza para el ego constituye un elemento sugerente, en especial si logran reconvertirse. ¿Habrán llegado a la bulimia? Rocío ha conseguido trasladar su experiencia de desvitalización ante un maltratador, ¿pero conseguirá sacar su historia de un ámbito tan perverso como el elegido?

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