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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Proteger los hogares

No hay mejor informe para saber cómo andamos que las colas del hambre que se forman en los centros gestionados por Cáritas o en algunas de las parroquias de los barrios, sobresaturados en su capacidad para frenar el desmoronamiento de la despensa de las familias grancanarias. El Estado asistencial empieza a no dar abasto por el alargamiento de la emergencia sanitaria, y ya es hora de que las grandes fundaciones y fortunas de este país hagan cuentas y destinen sus plusvalías de la bonanza para ayudar a frenar el gravísimo empobrecimiento. Un estudio de la OCU sitúa a Canarias en el último vagón de las autonomías en estado comatoso por su dependencia del turismo, con un alto porcentaje de unidades familiares que han perdido el 25% de sus ingresos por la inestabilidad laboral. Asuntos tan básicos como ir a la consulta del dentista para el empaste de una muela o pasar por la óptica para cambiar los cristales de las gafas han dejado de ser prioritarios. Llenar la cesta de la compra y afrontar la cuota de la hipoteca o el alquiler de la vivienda está por delante de lo demás. La situación calamitosa abre en canal el melón del debate sobre las ayudas estatales: ¿directas o indirectas? Los hogares deben ser auxiliados en sus gastos ineludibles, ya sea a través de un cheque cuyo uso legítimo debe ser demostrado, o bien a través de ventajas fiscales en los segmentos más castigados por la crisis. El plan del Gobierno para echar un salvavidas a las pequeñas y medianas empresas es obvio, pero las familias de sus trabajadores tendrán que sobrevivir hasta que estas puedan salir del atolladero. Los ERTE no son sinónimo de estar en una situación similar a antes de la pandemia: los retrasos en los pagos se acumulan, a efectos del IRPF -dos pagadores- los perjuicios son evidentes, y la nómina no es del cien por cien. La Covid-19 y sus coletazos van para largo, las medidas paliativas que entraron en vigor con el inicio de la crisis parecen ahora ineficaces para evitar un empobrecimiento patente con colas del hambre, pero que también se instala silenciosamente en las familias con recortes en los gastos sanitarios, educativos, calidad de la alimentación o vestimenta. Resulta criminal que entremos en una campaña del IRPF similar a la de cualquier año, sin una malla protectora para los que han perdido tantas vidas por el camino o para los que sufren las consecuencias demoledoras del cero turístico en sus diferentes facetas. Un fisco implacable.

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