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Manuel Wood Wood

Punto de vista

Manuel Wood Wood

La razón ha muerto ¡vivan las emociones!

Inmersos en la degeneración política actual y en el recorte que ésta produce en nuestra certidumbre sobre las bondades de la democracia, cabe pronosticar que el nivel de descomposición que habremos de soportar cuando lleguemos a las próximas elecciones generales hará que nuestro sistema político regrese al bipartidismo (sí, el del rodillo, aquel que logramos superar en las pasadas) o dé un giro aún mas preocupante y peligroso.

La corrupción, el transfuguismo, la estrechez de miras, la mezquindad a la hora de alcanzar acuerdos, la bronca continua y la fétida deriva que sufren nuestras más altas instituciones, están arruinando su credibilidad y la del propio sistema, al tiempo que promueven entre el electorado posturas tan radicales como las que alientan los salvadores de la patria, ya sean de derechas o de izquierdas. Asimismo, muchos medios de comunicación, especialmente, la radio y la televisión, lejos de centrarse en información imparcial despojada de propaganda, reflejan y fomentan las burlas, insultos y descalificaciones hacia el partido contrario al que “sirven”, deteriorando aún mas el descrédito social de la política y de la prensa misma.

Me niego a creer que nuestro país esté constituido solo por dos facciones: rojos y azules. En las últimas elecciones dimos muestras de que hay espacio para múltiples formas de pensar y depositamos nuestra confianza en un amplio abanico de partidos. ¡Pobres de nosotros que creímos que dispersando el voto lograríamos establecer mayores consensos!

Desgraciadamente, una vez acaparado el voto empezó su mercadeo y su prostitución: lo que creímos que serviría para curar se convirtió en veneno, nuestra papeleta perdió su color y pasó a ser blanca o negra, la vida útil de nuestra decisión se redujo de cuatro años a uno solo o tal vez dos, la verdad se volvió mentira, lo que pretendía unir y reforzar se ha convertido en un arma para debilitar al contrario.

Por si esto fuera poco, algunos asistimos estupefactos a este espectáculo de polarización política, agresividad, insultos, faltas de respeto,… que están calando en una sociedad que, víctima de su desesperación e impotencia, se ha vuelto cada vez mas polarizada. Las ideas y la reflexión han dado paso a los eslóganes y la militancia ideológica y desinteresada ha mutado en interés personal o partidista cuando no en pasotismo; la razón ha muerto, ¡vivan las emociones! Qué mejor caldo de cultivo para el populismo de cualquier signo.

El país necesita una amplia reforma global, educativa, judicial, constitucional, laboral, etc. pero para lograrla es necesario conseguir que nuestros votos sirvan al interés general y evitar que terminen en partidos que perviertan nuestro deseo y se destinen exclusivamente a rebatir y destruir al otro. Estoy convencido de que cada vez se nos pone más difícil creer en la política, pero después del esfuerzo que hizo este país por alcanzar la democracia, no debemos perder la fe en ella.

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