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Marrero Henríquez

ESCRITOS ANTIVÍRICOS

José Manuel Marrero Henríquez

Barullo

La realidad está tan destartalada que las ocurrencias de los surrealistas más extremos se quedan cortas ante los extraños hechos de los tiempos que corren. Eso es lo que piensa el vacunado a medias, que no sale de su asombro cuando intenta en vano poner algo de cordura en la información que recibe.

Hace unos días oyó afirmar a la presidenta de la Comunidad de Madrid que en las próximas elecciones autonómicas el votante habrá de elegir entre socialismo o libertad. Y se quedó tan pancha. Como si el electorado fuese bobo y fuese a creerse que libertad y socialismo son antónimos y capitalismo y libertad sinónimos. El que pretenda encontrar un modelo de sociedad libre y justa en EEUU se equivoca, y el que pretenda encontrarlo en Moscú, también se equivoca. La realidad, que es multicolor y compleja, no puede explicarse con tan burda oposición. El vacunado a medias se pregunta si la presidenta habrá hecho esa afirmación porque piensa que, en efecto, el electorado de Madrid es bobo.

No hace mucho en Barcelona, en Madrid y en otras ciudades de España jóvenes quemaban contenedores, rompían escaparates y saqueaban tiendas porque defendían a un rapero pijo, misógino y lleno de odio al que encarcelaron y que ya había sido previamente condenado por varios delitos, entre otros el de agresión a periodistas y testigos judiciales. Decían esos jóvenes que no hay libertad de expresión, y lo decían convencidos, aunque es evidente que no es cierto porque, de hecho, esos jóvenes podían proferir sus proclamas delante de las cámaras de televisión y divulgarlas nacional e internacionalmente. Hace unas décadas, cuando esos jóvenes no existían, cuando no eran ni tan siquiera embriones, entonces, no había libertad de expresión, ahora sí que la hay, tanta que incluso un rapero pijo, misógino y lleno de odio, un reguetonero machista, una insulsa presidenta de comunidad autónoma, un youtuber simplón y un negacionista conspiranoico tienen a su disposición múltiples canales de difusión para sus mensajes intoxicados de vacío. ¿No es eso libertad de expresión?

El vacunado a medias, como todo el mundo, también tiene derecho a expresar libremente lo que piensa sobre quienes utilizan la libertad de expresión para fomentar ideas y sentimientos malsanos y sobre quienes los apoyan. Los primeros son unos imbéciles de tomo y lomo muy peligrosos y los segundos también. ¿Cómo es posible defender la libertad de expresión y al mismo tiempo a un rapero pijo, misógino y lleno de odio que desprecia la libertad de los que no piensan como él? ¿Qué tiene que ver la libertad de expresión y romper escaparates y saquear tiendas? ¿Cómo se puede ir de feminista progre y escuchar reguetón machista? ¿Acaso el capitalismo estadounidense y la sociedad que ha configurado es un modelo de nada? Es todo tan absurdo como ser animalista convencido y organizar un asadero de cordero lechal.

La realidad está hecha de contradicciones. Se puede no fumar aspirando vapores impregnados en nicotina, hacer dieta consumiendo ingentes cantidades de salsas “light”, cuidar el medioambiente pagando las bolsas de plástico que el supermercado sigue dispensando, cargar un coche eléctrico con fuentes de energía fósiles. De hecho, el vacunado a medias se descubre también contradictorio, pues cuando manifiesta sus opiniones sobre reguetoneros machistas, políticos ramplones, raperos de pacotilla y manifestantes fanáticos, no puede evitar sentir que tal vez mejor sería callárselas, para no herir sensibilidades, para no contribuir a la gresca, para dejar que todo pase y no echar leña al fuego.

No obstante, hay veces que la corrección política resulta alienante, hay veces que hay que poner sobre la mesa lo que se piensa y hacerlo a bocajarro y sin paños calientes. Así que el vacunado a medias pone de manifiesto el desprecio que siente por raperos pijos, misóginos y llenos de odio; por reguetoneros machistas; por youtubers simplones; por políticos oportunistas; por negacionistas conspiranoicos; por traficantes de personas; por el capital por el capital mismo; por obispos desfasados y por comunistas estalinistas. Y también pone de manifiesto el vacunado a medias que su desprecio, si se mira de cerca, habrá de atenuarse, pues todo es fruto de un mundo imperfecto del cual él mismo forma parte y del que en parte es responsable.

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