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Billete de vuelta

Otro lío: ahora, el paracetamol

Aurorita es profesora de Secundaria. Le han dado fecha para vacunarse esta semana. Le toca AstraZeneca, que es a las vacunas del covid lo que el whisky malo a una borrachera: lo peor viene con la resaca. Y no sabe a qué atenerse, por mucho que el inyectable proceda de Oxford, de los tres de que disponemos el que ha hecho peor carrera.

Primero se descartó poner AstraZeneca a los mayores de 55 años. Ahora ya no, y se recomienda tomar paracetamol antes de la inyección para reducir los posibles efectos secundarios. Tal como indica la guía técnica editada por Sanidad, la seguridad de esta vacuna se ha evaluado en base a un análisis de los datos de estudios clínicos realizados en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica en los que participaron 23.745 voluntarios (también es casualidad que se haya probado en los países de la cepa británica, la brasileña y la sudafricana, pero no seamos mal pensados). Las reacciones adversas más frecuentes que se observaron fueron que más del sesenta por ciento de los probadores sufrieron inflamación en la zona donde les pusieron la inyección; más de la mitad, cefalea y cansancio; el cuarenta por ciento experimentaron dolor muscular y malestar; uno de cada tres administrados tuvieron sensación febril y escalofríos; más del veinte por ciento padecieron dolor de articulaciones y náuseas y sólo siete de cada cien acarrearon fiebre por encima de los 38 grados.

Sanidad recomienda tomar un gramo de paracetamol antes de vacunarse y varias tomas las 24 horas siguientes si hay reacción a la vacuna. Aurorita consulta a su hermano biólogo y le dice que se lo tome. Su otro hermano, médico, le dice que de ninguna manera, que no hay que automedicarse. Y ella duda: lo que deberías ser un alivio para Aurorita y su labor docente se convierte en un nuevo dolor de cabeza por culpa de mensajes contradictorios.

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