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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Turismo de borrachera

Madrid bien vale una curda, piensan en París, que bien vale una misa. Nadie va a París a misa porque las misas buenas se hacen en España y las curdas, también. Son los dos ingredientes básicos de la semana santa tradicional, tiempo de torrijas.

La mayoría de los franceses que hay de juerga por Madrid son españoles de la comunidad perimetrada, pero los gabachos llegados llaman más la atención por el idioma, por la cantidad de kilómetros que son capaces de recorrer para lo que la villa y corte ofrece debajo de casa, por su mirada fascinada con España como terraza de promisión y por la inocencia política que los mantiene ajenos al dilema de “socialismo o melopea”, “comunismo o melopea”, “¡Madrid será la tumba del fascismo!” frente a “¡barra o muerte!”, que es el debate verdaderamente existente a juzgar por las fotografías que llegan del centro, que es donde Madrid es Madrid dentro de Madrid.

Esas fotos de mierda a cara descubierta, de mamada sin distancia con sus amenazantes bocas abiertas, nos polarizan entre el pedo y el cabreo, porque en toda circunstancia el borracho es irritante para el sobrio, el cargado es cargante. Por eso cuando se bebe en grupo se está de juerga y cuando solo se es un borracho.

Lo que para los vecinos enmascarillados es turismo de borrachera para la hostelería es el rescate europeo. El PIB español debe varios puntos al turismo de borrachera, que enfada mucho a los que no beben, pero place a los que dan de beber. Ahora mismo, cuando se restringen los horarios, la libación estajanovista es la más rentable para la hostelería. Los británicos beben todo el año intensivamente entre dos campanadas horarias y cuando vienen a Magaluf descubren que todas las horas del día y casi todas las de la noche pueden ser felices. En Madrid el turismo de borrachera, de trompa y trolley, convive con el alcoholismo sedentario de los que no salen del barrio para beber, de tablón y portal, pero el debate es la libertad porque, quién lo iba a decir, la libertad era eso, que el dinero cambie de bolsillos y que podamos beber en grupo. Fin.

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