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Desirée González Concepción

CulturizArte

Se habla hasta la saciedad de la necesidad de recuperar la hostelería. Es cierto que el sector agoniza, pero observo atónita las terrazas a reventar, gente consumiendo a todas horas sin mascarillas y con escasa distancia de seguridad. Los hoteles, que, justamente poseen unas restricciones más estrictas y cumplen con la normativa, están sufriendo esta crisis en mayor medida. De poco sirve todo este esfuerzo, cuando sabemos que en la clandestinidad, cada semana se organizan decenas de fiestas en fincas y casas privadas. Es posible que la población desconozca que la única medida que se aplica ante tal situación sea la de una sanción económica. Una vez disuelta la juerga, cada cual marcha a su casa sin PCR y sin ningún tipo de confinamiento preventivo. Una cuarta ola se vislumbra pasada la Semana Santa y todas las precauciones se vuelven imprescindibles.

Quizá olvidemos que existe otro tipo de ocio; el ocio con contenido, el ocio que se relaciona con el arte. Hace unos días tuve la suerte de disfrutar de un concierto en el auditorio. Un espectáculo delicioso e intimista protagonizado por cuatro mujeres que se han reinventado para seguir ofreciendo Flor de canela al público en general. Una mezcla delicada con diferentes estilos musicales y letras costumbristas que alcanzaban el alma del espectador. Una sensación de energía y a la vez de sosiego invadía en auditorio; las voces, los ritmos, la cuerda, la percusión… resultaba una combinación perfecta. Cuando la función tocaba a su fin, Nuria Balaguer dedicó unas palabras para recordar que la cultura seguía siendo segura. Emocionada daba las gracias una y otra vez por nuestra presencia, recordando que en otros lugares, los teatros han echado el cerrojo. Salí con los pelos de punta por haber disfrutado de tanto arte, pero a la vez preocupada porque el auditorio no había siquiera cubierto esa tercera parte del aforo recomendado. La cultura también está en crisis. Por eso hoy quiero llevar mi reflexión a la gran olvidada, a esa industria de la cultura y el arte. Existen miles de espectáculos en toda España que no pueden representar sus funciones o que ven mermados sus beneficios significativamente por falta de público. Medianas y pequeñas empresas, sobre todo, que pasan desapercibidas porque no mueven tanto capital como la industria del turismo. Empresas con un futuro inquietante que reclaman medidas urgentes a la administración pública para garantizar la supervivencia del sector.

Sinceramente me parece de lo más disparatado que las terrazas cuelguen el cartel de lleno y en los teatros exista una restricción al 33%. En mi visita al auditorio, percibí un anfiteatro casi vacío con muchas butacas vetadas para cumplir la normativa. Situación de lo más incongruente ya que se trata de un lugar donde no se habla, no se consume y donde todo el mundo lleva mascarilla.

Días atrás charlaba con algunos amigos buscando posibles fórmulas para detener esta pandemia. Después de exponer diferentes hipótesis, coincidíamos en que la solución radicaba precisamente en la educación. La educación entendida como responsabilidad y respeto. La educación también entendida como sensibilidad y solidaridad. Pienso que son valores fácilmente asimilables por aquellas personas que se acercan a la cultura. Por ello, considero necesario aumentar los presupuestos para impulsar la cultura en nuestro país. Ofrecer alternativas de contacto con la naturaleza, deporte al aire libre, promocionar la cultura en general,... de manera que los jóvenes y no tan jóvenes cuenten con otras opciones de ocio además de la consabida “cervecita”. Pienso que si fuéramos capaces de vibrar ante un árbol, un libro, una obra de teatro o una pieza musical, seríamos incapaces de poner en peligro la vida de los demás “esquivando” las recomendaciones sanitarias.

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