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Cartas de los lectores

Derecho al silencio

Los vecinos del centro de la ciudad y, especialmente, los de la calle Luis Doreste Silva, tenemos que soportar a diario, de la mañana a la noche, los constantes ruidos del denso tráfico, de las sirenas de la policía, de las ambulancias, de los camiones que recogen la basura por la noche, y de un largo etcétera de acciones cuyos ruidos hacen que esa zona de la ciudad sea especialmente ruidosa. Desde hace tiempo, estamos, además, soportando los insufribles ruidos de las obras de la metroguagua, por lo que tenemos que vivir encerrados, para tratar de que lleguen amortiguados a nuestros oídos. Los domingos, afortunadamente, el tráfico disminuye y los trabajos cesan y hasta las ambulancias y la policía parecen desaparecer... Pero, desgraciadamente y desde hace ya bastante tiempo, un colectivo de personas que tienen algo por lo que protestar, las mañanas del domingo se dedican a pasar por la calle, en caravana de coches, haciendo sonar estruendosamente los claxons, sonando sin parar durante largos periodos de tiempo, para al poco rato volver a pasar. Los ciudadanos, tenemos derecho al silencio y ni tenemos culpa de los problemas de los manifestantes, ni podemos hacer nada por solucionarlos. Con el menosprecio al ciudadano, molestándolo con sus estruendosas bocinas, los manifestantes sólo consiguen que no nos solidaricemos con sus problemas ni los apoyemos en sus reivindicaciones por su falta de civismo. Todos los ciudadanos tenemos algún motivo para protestar y si cada uno cogiera su coche y se dedicara a ir por la calle haciendo sonar el claxon insistentemente, como hace este sector de las manifestaciones domingueras, la vida en la ciudad sería aún más insufrible. Los claxons dentro de la ciudad están prohibidos. Esperemos que las autoridades pongan fin a este caos sonoro de cualquier manifestante, y, especialmente, de los que nos martirizan domingo tras domingo.

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