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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Años duros

Algún lector – los lectores, como las brujas, haberlos haylos – me dice amable, hasta bonachonamente, que una cosa es la asignatura del optimismo bien informado y otra distinta la golosina del catastrofismo, y que cómo va a ser eso de que nos espere un cuarto de siglo muy fastidiado y erizado de problemas y frustraciones por delante. Pero es lo que hay. Un virus ha servido de broche bastante catastrófico al previsible fin de un ciclo histórico. El coronavirus terminará con la fantasía del final de una crisis, cuando solo es el principio de una crisis final. Llevamos superando coyunturas críticas desde siempre, es decir, desde 1973. En Canarias el último periodo de crecimiento económico relevante con alta creación de empleo fue el que se extendió entre 1998 y 2008 poco más o menos. Un desempleo de un 10% de la población activa: ese fue nuestro modesto record en 2007. Poco después estalló la crisis financiera, llegaron los feroces recortes presupuestarios y se impusieron las reglas de gasto, se paralizaron o anularon los convenios entre la comunidad autónoma y el Estado español. El desempleo escaló hasta un disparatado 33% -- casi lo que alcanza ahora la suma de desempleados y trabajadores en ERTE – los servicios sociales se fragilizaron y solo comenzó cierta recuperación – muy tímida -- a partir de 2014.

La pandemia estará controlada el próximo otoño, salvo caso de catástrofe, no enteramente descartable. Y en pocos meses se reactivará obviamente la economía con un tirón del consumo y una creación –al principio modesta – de puestos de trabajo. Como siempre en Canarias, vinculados a la hostelería y, en general, al sector servicios, empleos mayoritariamente de baja cualificación en el ámbito de actividades de bajo valor añadido. Y vuelta a empezar. Ahora mismo ese amuleto verbal que el Gobierno de Ángel Víctor Torres ha resucitado de nuevo (la diversificación económica) es simplemente una hipnótica fantasmagoría y será difícil que abandone su reino ectoplasmático empujada por los grandes proyectos financiados por los fondos extraordinarios (Next Generation) de la Unión Europea. Y es que aunque se maximicen las inversiones públicas en los próximos años es discutible que su impacto estructurante en la economía regional – creando sinergias, estimulando un esfuerzo inversor privado sostenido, promoviendo economías circulares – sea demasiado sólido en los próximos años. El riesgo de que los proyectos se consuman en su propio fuego es muy alto.

Canarias sufrirá en los próximos años varios retos formidables que evidencian claramente un cambio de paradigma en el modelo de crecimiento económico y en la gestión de las administraciones públicas. El cambio climático golpeará mucho más duramente en los próximos lustros a las islas, y no se trata simplemente de la abundancia de olas de calor y de tormentas tropicales, sino de la acidificación de los océanos –más de un cuarto del dióxido de carbono que producimos planetariamente es absorbido por mares y océanos – y eso influirá en su atractivo como destino turístico. La crisis migratoria se intensificará en un futuro inmediato y las islas pagarán un alto precio, como frontera sur de la UE, si se impone la chiflada, ruinosa y cruel estrategia de la Europa Fortaleza diseñada en Bruselas. Y después están los peligros de una economía anestesiada con dinero público y una élite política alérgica a las reformas administrativas imprescindibles porque atentan contra su reproducción indefinida. Un Gobierno que ahora presume del maná europeo pero que más temprano que tarde estará entrampado hasta las orejas. Sí, vienen años muy duros de sacrificios y asperezas porque aunque sintamos nostalgia de nosotros mismos tenemos que convertirnos en otra cosa para que Canarias sea un país viable política y socialmente durante este siglo.

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