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Antonio Perdomo Betancor

Objetos mentales

Antonio Perdomo Betancor

Vacunas, artefactos de intenciones

En tiempos pandémicos y casi apocalípticos, las dudas en la sociedad respecto a las vacunas después de un año y medio de la aparición del covid-19 no se han disuelto como cabría esperar, persisten, permanecen encapsuladas manifestándose abiertamente contra las recomendaciones, y como tal resisten si no victoriosas al menos resueltamente rocosas. Son naturalmente dudas legítimas a mi juicio, hijas de la libertad de pensamiento, son los ojos que adquieren la forma de rasgaduras en la trama del tejido social y que se delinea en varias direcciones.

Véanse las declaraciones literales y recientes de Boris Johnson (Primer ministro del Reino Unido) a los diputados tories del Comité 1922, según el Daily Mail: “La razón por la que hemos tenido éxito con las vacunas ha sido por el capitalismo, por la avaricia, amigos míos.” “Han sido las grandes corporaciones, que querían dar buenos dividendos a sus accionistas”. Desde esta sincera perspectiva, la imagen que se desprende de las vacunas no diverge de un producto de la industria, un artefacto, otro artefacto que se fabrica y se pone en almoneda al mejor postor, la salud de los ciudadanos no pasa de ser una simple circunstancia, como particulares son las circunstancias de la venta de bombillas led o de móviles, por ejemplo. Responde a una pura lógica de mercado, de un producto del sistema científico-tecnológico cuyos fines priorizan el enriquecimiento y la avaricia sobre otro fin, incluso por encima de la salud.

Puedo imaginar no sin cierta precaución que la imagen que tienen las personas de la ciencia se aproxima a la imagen de una ciencia adánica, late en la mente popular la creencia de que a la ciencia la presiden fines altruistas, interesados en la búsqueda del bienestar de los ciudadanos. Ésa probablemente sea una imagen desviada, la creencia en personas de bata blanca entregadas a la redención de una humanidad atrasada. No. Desde luego, no es la ciencia Prometeo robando el fuego de los dioses. No. Boris Johnson lo deja nítidamente claro, se trata simplemente de negocios as usual.

En un sentido general creemos en la racionalidad de la ciencia, disponemos de una amplia panoplia de artefactos que funcionan maravillosamente bien en el día a día, existen razones, hay razones para creer, pero al mismo tiempo y con razón también se teme la irracionalidad de la avaricia de los inversores que exigen dividendos suculentos, y aquí, en este punto, en el caso de las vacunas del covid-19, la codicia de los inversores no se comporta de distinto modo que con otro producto exigiendo un retorno avariento de sus inversiones . Esa fuerza del inversor y sus exigencias nos muestra el contraejemplo, es decir, la fuerza oscura que desvía la ciencia y la tecnología de sus compromisos éticos. Esa perturbación impulsa la sospecha de la utilización de estos artefactos como instrumentos de sometimiento y dominación. Con el fin de evitar lo que efectivamente ha ocurrido, el Papa Francisco propuso una gestión democrática de las vacunas en la que los desfavorecidos no fueran los últimos y que, por una vez, porque la humanidad navega apestada en esa nave de locos, probara, por una vez, una terapia nunca experimentada: la de la solidaridad global.

Ante este escenario de mercado y tal como lo presenta Boris Johnson, los que son contestatarios no lo parecen tanto, actúan como una advertencia del tipo memento homo... Advierten, anuncian, hacen cábalas sobre si después de las vacunas serían tan libres o menos libres en el ejercicio de sus derechos. Se preguntan si las mismas vacunas no devendrán en una dependencia que la ciencia no puede controlar porque los inversores del sistema científico-tecnológico desposeídos de todo freno moral dejen inermes a los ciudadanos cual cobayas para futuros negocios. No son, pues, incordios los contestatarios; no son, pues, forajidos que dicen otros, llanamente les preocupa perder el control de sus vidas. No reclaman sino saber. Saber. Saber algo más. Saber más de las intenciones del sistema científico-tecnológico, de esa fuerza opaca, de su amenazante y totalitaria intimidación.

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