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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Nueva generación

Frente a las generaciones del baby boom, baby boomers, X, millenials o la del Covid se abre paso a codazos la de los exempleados de banca, miles y miles de individuos cualificados afectados por los ERE que prepara la gran banca para aquilatar sus cuentas y moldear sus fusiones. La ola de despidos que se negocia nos pone ante un perfil de prejubilado que, en plan chínchate, le dice al personal: “Estoy sano, me han dado una buena indemnización para tirar hasta que me toque la pensión, y a vivir que son dos días”. La buena nueva es perfectamente reconocible en cualquier sitio, dado que por los números en jaque cabe la posibilidad de que de cada diez españoles expulsados del mercado de trabajo cuatro pertenezcan al sector de las finanzas. La ministra Calviño, ante el tsunami laboral, ha criticado las remuneraciones millonarias de los altos ejecutivos, cuyas nóminas, bonus o pólizas resultan mareantes, en plan galáctico. Unidas Podemos, más al extremo, ha advertido con pedir que la gran banca no reciba ayudas públicas ante la avalancha de despidos. Sin cerrar la gaveta de la pandemia, el terremoto amenaza con llenar los parques y los supermercados de cincuentañeros que se pasarán la mañana o la tarde viendo el rodar de las nubes, rellenando crucigramas o estrujándose en un gimnasio para evitar la depresión del prejubilado que no sabe bien qué hacer con su vida. El Estado debería buscar una fórmula para integrar a estas miles de personas con experiencia en la gestión próxima de los fondos europeos, por citar un sector donde nos la jugamos. Sería lamentable ver caer en la ociosidad a una mano de obra especializada cuando lo que se impone es trabajar para que ocurra el milagro poscovid, que es arrimar el hombro para salir de las cifras en rojo. La gran banca se prepara para una fumigación masiva contra el humano que, junto a las sucursales, será sustituido por robots que ni lloran ni se compadecen, cualidades energéticas en el manejo del capital. Estos exempleados que van a pulular por jardines de girasoles acumulan la memoria de una era financiera que se extingue, igual que el contable con manguitos, el cajero o la cajera perfumada, el director de la entidad siempre dispuesto a echar un cabo ante un imprevisto o la familia que controla un importante paquete de acciones. El CIS debería contemplar entre sus categorías la del exempleado de banca, un nuevo grupo social que no será pobre de solemnidad, pero sí precozmente inactivo.

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