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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

La nueva ola

La celebración del Primero de Mayo ya no es la mano de obra encendida que pone entre las cuerdas al poder político, que ante la presión echa a la calle a la policía o se sienta junto con las patronales para negociar in extremis con los obreros un acuerdo marco. Lejos quedaron los tiempos de la huelga general que paralizaba el sistema productivo y ponía en un aprieto el principio acumulativo de las empresas. Hace tiempo que un presidente del Gobierno no tiene que decir “he entendido el mensaje”, como respuesta a su soberbia. El sindicalismo tiene su poder de convocatoria desarbolado desde hace años, al carecer de una estrategia para afrontar el cambio del modelo fabril al de la robotización y digitalización. El tardocapitalismo y sus nuevas tácticas sociolaborales, maduradas con el inicio de la globalización, ha normalizado jornadas laborales que llegan a las doce horas diarias por empresas que pagan impuestos irrisorios y ocultan tras de sí una densa telaraña que burla las inspecciones. El sindicalismo de clase, reconvertido en siglas que suministran servicios varios al trabajador, podría se rebasado por la nueva ola que debido a la pandemia ha puesto patas arriba el ámbito laboral: el teletrabajo. La opción abre un espectro inquietante que convierte en antigualla los pactos alcanzados durante la etapa convencional, y que demanda una legislación relevante para ordenar la función laboral desde casa. La intervención sindical necesita dejar a un lado las ambiciones gremiales, supeditadas a las mejoras de determinados sectores, volcándose en el análisis y la búsqueda de derechos frente a una revolución despiadada en prejubilaciones, ERE, condiciones para teletrabajar gravosas para el bolsillo del trabajador pero muy ventajosas para la empresa, y tipologías de contratos ilegales. Asistimos a un cambio de paradigma que afectará, mayormente, a todos los estudiantes que están en periodo universitario, además de a una generación que sin llegar a los 60 años ha sido expulsada del mercado y tiene muy pocas posibilidades de retornar al mismo. El sindicalismo, imprescindible en todo sistema que presuma de democrático, necesita fortalecer su perfil negociador frente a la era poscovid. Tanto para estar en el diseño de las nuevas relaciones entre empresas y empleados, como para estar alerta ante un capitalismo que dirige su poder extractivo hacia los trabajadores, una vez que la pandemia ha limitado la altas rentabilidades del negocio especulativo.

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