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Reflexión

Sociedad aprendedora, sociedad emprendedora

Según el censo de 2019 del INE , nuestra tierra canaria tenía una población de 2,20 millones de personas. En misma fecha, en el País Vasco residían 2,17 millones de habitantes. La superficie del País Vasco es de 7.234 kilómetros cuadrados, y Canarias tiene 7.447 kilómetros cuadrados. De lo anterior resulta una densidad de población de 303 personas por kilómetros cuadrados en Euskadi, frente a 300 en Canarias.

Mientras ambas comunidades podrían presentarse como muy similares en cuanto a población, superficie y densidad, el PIB (Producto Interior Bruto) de Euskadi era de 74.496 millones de euros, al tiempo que nuestro PIB canario sólo alcanzaba a 47.164 millones. Es decir, a igual población y territorio, el PIB canario era un 36,69% menor que el vasco. Del mismo modo nuestra renta per cápita era, también, casi un 40% inferior. En otro orden de cosas, al tiempo en que el paro de Euskadi se mantenía por debajo del 10%, en nuestra tierra canaria superaba el 25%.

Desde hace cinco años, en la Comunidad Valenciana existe la denominada Marina de Empresas de Valencia, que une tres iniciativas: (a) Lanzadera, aceleradora de startups; (b) la escuela de empresarios EDEM y (c) la sociedad de inversión Angels. Todo ello, convierte en realidad el sueño del presidente de Mercadona, Juan Roig, de implementar una fábrica de talento para potenciar el emprendimiento. Lo soñó y lo dotó de interés y recursos, en la firme creencia y voluntad de generar valor, empleo y riqueza potenciando la figura del empresariado. Los resultados son ya excelentes y voluminosos.

En Euskadi, las iniciativas de tutela, formación de emprendedores, incubadoras y aceleradoras de start-ups, arropadas con instrumentos de financiación adecuados, son importantes y muy variadas. La aceleradora de empresas ‘oficial’ del Gobierno vasco se ha convertido en referente internacional con sólo tres años de vida.

La madurez de la sociedad vasca en estos asuntos se sustenta en tres pilares perfectamente interrelacionados y sinérgicos: (a) un núcleo de formación (universidad, escuelas de negocios, etc.) muy potente y volcado hacia las necesidades de su entorno y el progreso del modelo económico de la sociedad en la que se ubican, y la educación y generación de emprendedores; (b) una administración que, al margen de los avatares políticos, se encuentra fuertemente comprometida en facilitar las iniciativas privadas para el aprendizaje y la creación de empresas y emprendedores, proyectando el entorno favorable a tales iniciativas; y (c) finalmente, una clase empresarial dispuesta a compartir conocimiento, actividades, negocios y financiación, cooperando incluso entre competidores, y arropar a nuevos empresarios y empresas, como si de hijos propios se tratase.

Es manifiesto el éxito, el progreso y las sinergias creadoras de círculos virtuosos que el modelo antedicho supone. Se hace realidad el hecho de que las sociedades ‘aprendedoras’ generan sociedades emprendedoras y, en consecuencia, facilitan el progreso para toda la sociedad.

Mientras tanto, el entorno en que se mueve nuestra sociedad canaria es, tristemente, muy diferente y alejado de aquellos modelos: (a) Una clase política dirigente enfrascada en los sillones del poder y su reparto entre sus fieles, buscando el clientelismo votante, manteniendo y engordando una administración poco eficiente y burocratizada, alejados ambas -burocracia y políticos- de lo que se cuece en el mundo empresarial y económico; (b) una universidad plagada de grupúsculos y taifas de poder, a espaldas y desconocedores de las necesidades de la sociedad y la economía en la que se encuentran; y (c) una importante élite de grandes y potentes empresarios muy individualistas, pendientes del beneficio particular y a corto plazo, y muy poco dados a la cooperación permanente y conjunta entre sí y con su entorno.

Con toda intención, en párrafos anteriores he dejado para el final a la élite empresarial canaria, que tiene un indudable grandísimo potencial.

En lugar de sus iniciativas individuales, la cooperación entre los cincuenta o cien grandes empresarios canarios alrededor de una única iniciativa encaminada a generar un sólo clúster (o uno por cada provincia en sana –que no tramposa– competencia) para la educación, aceleración y financiación de emprendedores y startups canarios, se nos antoja como el mejor camino para el progreso de nuestra economía, su diversificación, y, en consecuencia, la conversión de trabajadores parados y en el umbral de la pobreza, en ciudadanos bien formados y bien pagados.

Se nos antoja, repito, como el mejor y más rápido camino para recortar las distancias que nos separan a los canarios de otras regiones que nos llevan ventaja. A este tren habrá que subir a la administración y el poder político, y también enganchar el vagón de la universidad, todos como protagonistas, aunque la locomotora ha de ser el empresariado. Aprender para emprender.

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