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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

La mala hierba

Querido amigo, Antonio era un señor que cuando se jubiló, y aprovechando que tenía unos ahorrillos, se compró un terreno en el campo. Siempre había deseado tener un trozo de tierra donde plantar papas, así que, cuando le llegó la oportunidad y el tiempo libre suficiente, se dedicó a lo que siempre había soñado.

No contaba con ninguna experiencia como agricultor, pero tampoco sería tan complicado plantar papas, pensó, por lo que se metió de lleno en la tarea empezando por comprar la mejor semilla que encontró en la zona, además de asegurarse de que podía disponer de suficiente agua de regadío.

Su objetivo no era beneficiarse económicamente sino reunir a los amigos y organizar una recogida de papas que luego repartiría entre todos. Pensaba preparar un almuerzo con un caldo de papas recién cogidas, huevos y cilantro donde no faltaría el queso tierno y el gofio, tal como hacía su madre.

Pero, todo aquel entusiasmo se truncó cuando Antonio vio que el terreno empezó a llenarse de mala hierba, hasta que descubrió que allí se habían cultivado girasoles anteriormente, una planta muy resistente que es considerada como “mala hierba”, y no porque sea mala, sino porque sus raíces actúan como herbicidas durante mucho tiempo y arruinan las cosechas posteriores.

Te cuento esto, Gregorio, porque me parece un buen símil para entender la situación actual de países como el nuestro.

Hemos plantado la democracia en un terreno baldío donde las raíces del capitalismo liberal se han encargado de que no pueda crecer. De nada sirve, entonces, que se propongan políticas sociales cuando el poder las supedita a la rentabilidad frente al bienestar social, la estabilidad laboral, la igualdad o la justicia social, y los políticos que en las actuales circunstancias así lo pretenden, deberían mantenerse al margen, aunque estén respaldados por mayorías suficientes.

Es eso lo que ha dado lugar a que algunos psocialistas como un tal señor González sea ahora asquerosamente capitalista en la peor acepción del concepto, o que alguien con coleta se pueda ir a vivir a un chalet después de prometer que seguiría viviendo en el piso del barrio.

Digamos Gregorio que, por ahora, la “democracia capitalista neoliberal” seguirá marcando el paso, y que el humilde caldito de papas que tanto ansiaba Antonio tendrá que esperar y dar paso a los girasoles, que son más rentables. O para que los radicales de la ultraderecha española sigan cara al astro rey con la camisa nueva…

Por cierto, se sabe que el girasol gira siguiendo al sol, algo que se hace más evidente en las flores de su cabeza cuando todavía están en desarrollo. Pero lo que algunos no saben es que, una vez fecundadas todas las flores, la cabeza deja de moverse y se queda mirando al este, y que solo las hojas siguen girando hasta que la planta se seca… A ver si pasa lo mismo con los fascistas.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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