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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Desactivado Pablo Iglesias

La derecha de este país recuperó con Pablo Iglesias la tradición de acoso y derribo a líderes de izquierda omnipresentes, como sucedió con Azaña, Negrín o Largo Caballero, de los que inventaron todo tipo de leyendas negras para llevarlos a la horca del exterminio intelectual. La dimisión del líder de Unidas Podemos tras los resultados de Madrid libera al comando antipablista de labores tan egregias como buscar ilegalidades entre su servicio doméstico, o de ir todos los días hasta la puerta de su casa para reventarle el desayuno o la cena con su familia, o de rebuscar entre las cuentas del partido para encontrar la financiación de los chavistas. El exvicepresidente se ha equivocado en mucho, por supuesto, incluido en la velocidad con la que viajó desde el 15-M de la Puerta del Sol al Consejo de Ministros: perdió la esencia de su colonia. Pero su dimisión por sentirse responsable del fracaso político de UP no oculta la otra razón, el ataque personal y a su vida privada desde la intolerancia y la mala baba que caracteriza a una determinada caverna condenada, por cierto, ante los tribunales por la comisión de delitos contra su persona y los suyos. Escribiría lo mismo de cualquier otro representante público asediado, pero dudo que exista alguno que se haya visto inmerso en las mismas circunstancias de Iglesias. Las camisas y sudaderas que ofrecían su rostro ensangrentado en la campaña del 4-M dan cuenta del nivel de la persecución, de la que, repito, pueden descansar ahora la ultraderecha, neonazis y también una derecha ganadora a la que le faltó contundencia para alejarse de la violencia o de su apología. Ha sido el primer conejo capturado por la escopeta nacional en el coto, llevado igual que una pieza tersa al taxidermista para ponerlo en la estantería en la que conviven cañones relucientes, balas y cartucheras. El líder, el coletas, como le llamaban, ha sido desactivado. Habrá que ver si los vampiros están saciados o se pone en marcha una nueva campaña con lo que queda en pie del edificio podemita.

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