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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Solo puede quedar uno

En la política de Fuerteventura hay algo más que Blas Acosta. Bueno, hablando en puridad, Blas Acosta ya casi no está. Porque de eso se trata: durante semanas Acosta intenta que el PSOE lo designe senador autonómico para convertirse en aforado y que sus asuntos judiciales se dilaten al ser tratados en el Tribunal Supremo. Desde Madrid no agrada nada semejante aspiración y además ya se había comprometido la plaza con Santiago Pérez, que regresaba a las filas socialistas porque el PSOE ahora es de izquierdas y se ha regenerado mucho, como demuestra el caso del propio Acosta sin ir más lejos. Finalmente el susodicho dimite como presidente del Cabildo majorero y lo nombran viceconsejero de Economía del Gobierno autónomo. Y ya prácticamente se ha olvidado el asunto. El PSOE hace estas cosas muy bien; en la Consejería de Educación, por ejemplo, acogieron tiernamente como personal eventual a Aurelio Abreu, ex senador y exvicepresidente del Cabildo de Tenerife, que todavía espera apertura de juicio oral en el que la Fiscalía demanda ocho años de inhabilitación por un supuesto delito de prevaricación cuando era alcalde de Buenavista del Norte. El señor Abreu –que también pertenece, por cierto, al muy sabroso consejo de administración de la Autoridad Portuaria– podría volver a su plaza de profesor, pero quizás sería demasiado traumático. En Fuerteventura, en fin, pasan otras cosas, como que a Domingo González Arroyo le ha caído una sentencia de tres años de cárcel por delito fiscal y una multa de 815.000 euros, aunque es recurrible, y vaya si la recurrirá el apócrifo marqués. Pero, sobre todo, pasa que la principal fuerza política de la isla, Coalición Canaria, es decir, Asamblea Majorera, ha decidido dejar su imprescindible renovación política en manos de Mario Cabrera, que es como dejar el Gran Colisionador de hadrones en manos de Aramis Fuster.

Cabrera consiguió el voto de más del 95% de sus compañeros para seguir como secretario general, un porcentaje asombrosamente alto en estos tiempos tan alérgicos a las unanimidades. Pero no lo consiguió convenciendo arduamente a sus compañeros, sino enviando al exilio del hartazgo, la melancolía o la disidencia impotente a reales o imaginarios adversarios que reclamaban cambios, autocrítica, autonomía operativa, democracia interna real frente a asambleísmo cosmético. Es lo que le ocurre a AM desde hace más de una década, un movimiento centrífugo que ha atomizado fuerzas nacionalistas e insularistas y debilitado progresivamente a la organización, y que tiene en Asambleas Municipales de Fuerteventura su máxima, oportunista y muy a menudo patética expresión. Eso no ha sido obstáculo para que de vez en cuando regrese algún hijo o hijastro pródigo, porque Asamblea, a veces, ha funcionado como una puerta giratoria en sí misma y para sí misma.

Cabrera ya no es de izquierdas ni de derechas sino todo lo contrario, y su filosofía política tiene menos que ver con Manuel Velázquez Cabrera que con Christopher Lambert luchando contra el resto de los inmortales: solo puede quedar uno. Llegó al V Congreso Insular de CC con dos triunfos: regresar a los despachos en el Cabildo Insular y en el ayuntamiento de Pájara, aunque renunciando en ambos casos a la presidencia. Después del trauma político-electoral del verano de 2019, sin duda varios cientos de militantes se sintieron aliviados. Tal vez, sin embargo, pactar con quien sea y al precio que sea no termine demostrando ser la mejor opción a medio plazo. Sobre todo si esta estrategia incluye eludir en AM las reformas políticas, programáticas y organizativas que demanda una Fuerteventura más compleja, abierta y plural que la de hace cuarenta años.

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