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Javier Cuervo

Inutilidad pública

La disposición al sacrificio de Pedro I el Valiente y al despeño de su asesor Iván Redondo y los indultos rápidos, limitados y reversibles que se preparan para los independentistas presos por sedición y malversación deberían servir para algo, pero no parece que sea así. Los que tanto pidieron diálogo y gestos están mudos e inexpresivos como Buster Keaton, incluido Pere Aragonés, el maquinista de la república independiente, en el que están puestas las esperanzas de reinicio.

Para que a España no se le vuelva Cataluña una enfermedad crónica hace falta deshinchar la hinchada de este perpetuo desencuentro de máxima rivalidad. Unos indultos contra todo a cambio de nada son inaceptables, pero seguir colonizando el pensamiento de españolismo banderolo y, prietas las filas, codearse con el populismo orgulloso de ser la cabra de la legión solo sirve para que el “España nos roba” mude en “España nos odia” retransmitido por TV3.

Los indultos injustificables no pueden ser lanzados como un mensaje en una botella. Han de ir por un canal seguro hacia un destinatario dispuesto a hablar en un idioma común. No parece que esto se dé cuando a los que se ofrece el indulto quieren la amnistía y son los mismos que han convertido en orgullo la vergüenza de Puigdemont, corrompido su vida parlamentaria, desgobernado y combinado cínicamente las performances masivas de la senyera en la diada con las performances minoritarias del fuego en la noche. Quienes empezaron esto en medio de una crisis mundial para cambiar la solidaridad interterritorial por “lo mío, mío y lo tuyo de los dos” han visto marcharse de su suelo personas, empresas y empleos sin descomponer la figura ni cambiar los resultados electorales de una forma que desate el lío.

Ahora que la política es histriónica y todo se representa en más de una función diaria, bastaría que al grito trágico del indulto se respondiera con un gesto sutil que diera a entender que se ha recibido el mensaje, pero no. Una idea arriesgada que no sea compartida por la otra parte será de inutilidad pública.

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