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Elizabeth López Caballero

Los héroes de la educación

Perdónenme que use el género no marcado. Por favor, que tanto las docentes como los docentes se sientan incluidas en este artículo. No sé si leerán esta columna el mismo miércoles que finalizan las clases o una semana después. Da igual en qué momento lo lean porque el mensaje será el mismo: ¡Felicidades, lo han hecho muy bien! Siempre he considerado a los maestros unos héroes. Nadie sabe lo que se cuece en un aula con veinticinco niños, cada uno con sus necesidades, sus ritmos y su individualidad. Nadie sabe la absurda carga burocrática con la que el sistema les atosiga ni las horas que le echan a preparar material, innovar métodos de aprendizaje, buscar concursos en los que los niños puedan participar o corregir fuera de su horario laboral. Nadie piensa en eso. Igual que cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo, en este caso, solo miran el dedo de las muchas vacaciones que tienen. Durante la pandemia, las familias realzaron el valor del profesorado cuando tuvieron que hacer de maestros de sus hijos pero, una vez que volvimos a la normalidad, esa admiración se volatilizó. Este año ha sido muy duro. A pesar de que las ratios se han «bajado», tuvieron que aprender a dar clases de una forma extraña, controlando que los niños no compartieran el material, improvisando actividades en las que evitar las fichas impresas, reforzando a cada menor sin abrazos o sin palmadas en el hombro. Tuvieron que aprender a transmitirlo todo con la mirada. He perdido la cuenta de cuántas olas y repuntes nos han pasado por encima durante estos meses. Sin embargo, los colegios e institutos han sido los espacios más seguros que ha habido. Y ¿por qué? Porque todos y cada uno de ustedes han cumplido a raja tabla con las medidas de protección y así se lo han inculcado a los niños. Y pensar que los que mandan y creen saber de educación se plantearon no abrir los colegios. Una vez más, compañeros, han sido un ejemplo, un modelo. Una vez más han demostrado estar a la altura y lo han dado todo, incluso cuando el cansancio les merodeaba chinchoso para recordarles que también son humanos. Aun así, se mantuvieron firmes y han llegado hasta aquí con unos resultados de matrícula de honor. Por si fuera poco, el profesorado de secundaria ha tenido que hacer un esfuerzo supremo para opositar. Este no era año de oposiciones, querida Consejería de Educación. Este era un año para premiarles, para reconocer públicamente que son un colectivo de diez y para dejarles descansar. Queridos funcionarios con plaza, interinos, sustitutos, profesorado Covid (que han estado todo el curso sin saber qué será de ellos), GRACIAS. Así, con mayúsculas. Este curso escolar ha sido posible gracias a ustedes. Son los verdaderos héroes de la educación.

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