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Camisas de colorines

Día 7 de agosto de 1954. Un joven de 17 años llamado Juan Curbelo Oramas es detenido por la policía acusado de cometer actos inmorales con otro individuo de 20 años. En enero del año siguiente, la policía remitió un informe de estos hechos al Juzgado de Vagos y Maleantes de Las Palmas de Gran Canaria. Tras el correspondiente proceso judicial, Juan Curbelo fue declarado peligroso social y pasó tres largos y dolorosos años en la Colonia Agrícola de Tefía. “A mí me detenían por llevar camisas de colorines”, solía decir Juan Curbelo, que años más tarde se convertiría en una figura señera del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.

Cualquier día del mes de junio del año 2021. A los actos del orgullo LGTBI organizados por los colectivos se unen acciones en favor de la diversidad desarrolladas en centros educativos, el izado de banderas arcoiris en las administraciones públicas o campañas por la igualdad de empresas privadas que se unen a la celebración de la diversidad. Ahora, parejas de jóvenes gais o lesbianas se pasean de la mano por las calles de nuestras ciudades, las personas trans exigen públicamente leyes que garanticen su dignidad y el derecho a su autodeterminación y, salvo minoritarios sectores reaccionarios, la ciudadanía ve con naturalidad la celebración y la reivindicación de un grupo social hasta hace poco estigmatizado y criminalizado.

¿Qué ha sucedido en esos 67 años? El orgullo, eso es lo que ha pasado. El orgullo de quienes durante la transición se levantaron contra las humillaciones sufridas a lo largo de la dictadura franquista y crearon los primeros movimientos homosexuales de las islas. La dignidad de quienes, durante los años ochenta, se enfrentaron a la pandemia del VIH y sufrieron discriminación y rechazo ante lo que se llamó el “cáncer gay”. El orgullo de quienes, durante los 90, entendieron que era necesario abordar el reconocimiento de los derechos civiles a la comunidad LGTB y comenzaron a luchar por el matrimonio igualitario como símbolo de esos derechos. La dignidad de la comunidad Trans, que no se conformó con una ley pionera como la del 2007, que les reconocía la posibilidad del cambio de nombre y de sexo a cambio de su patologización que, gracias a su lucha, pronto será relevada por una norma que les reconocerá su derecho a la autodeterminación de su identidad.

Hay quienes aún cuestionan nuestro derecho a reivindicar y exigir el respeto a nuestra dignidad. Hay quienes todavía se preguntan la necesidad o la oportunidad de la celebración del orgullo, sin querer ver que el orgullo no lo es tanto por lo que somos, sino por lo que hemos conseguido, en muchas ocasiones a su pesar. Los cambios legales y sociales alcanzados. La visibilidad sin vergüenza. La lucha por la integración sin discriminación. El recuerdo, el reconocimiento y la memoria de quienes nos precedieron en épocas muy difíciles. Las joyas y los trajes que Rosario Miranda, una mujer trans de Buenavista del Norte, lucía al borde de la carretera de su casa, tras una dura jornada de trabajo en el campo. Las camisas de colorines de Juan Curbelo. Eso, todo eso es el orgullo.

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