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Desde la experiencia

La medida del caos

En enero de 2019 publiqué en mi blog personal un artículo titulado Señales de peligro. En él analizaba, en una amplia digresión, la situación de las ayudas fiscales al cine, presentaba algunas sugerencias para mejorarlas y preveía en los años siguientes un grave problema en ciernes: la revisión del REF, que podía acabar con ellas si no había la adecuada negociación en la Península.

Me autocito: “Estamos en manos del legislador de Madrid que, una vez más, no sabe lo que hace cuando legisla, como en el ejemplo que les puse antes de las retenciones. Efecto mariposa. Consecuencias catastróficas.”

Pues bien, el peor escenario que preveía ha ocurrido. Canarias ha perdido su diferencial en términos de beneficios fiscales para los rodajes que vengan a las Islas. Me ha sorprendido mucho este suceso, precisamente porque no era inesperado; ya se veía venir desde hacía al menos dos años. Pero el daño está hecho.

Muchos productores ya no tendrán interés en venir a rodar a nuestras Islas. No sé si el asunto tiene arreglo, y deseo la mejor de las suertes a quienes estén al cargo, ya que la solución es harto complicada. Dicen que van a reclamar al Constitucional. Me parece bien, pero, ¿no se podía haber empezado a trabajar un poco antes, cuando se redactaba la ley, como ya indicaba en 2019?

Este era, y es, un asunto que atañe a múltiples niveles de la Administración, que deben coordinarse para obtener un resultado: consejerías autonómicas, Hacienda, direcciones generales, ministerios, diputados, legisladores, etcétera. Se supone que alguien debe coordinar y dar un rumbo a todos esos estamentos en pos de un objetivo. Entonces, ¿qué ha pasado?, ¿qué nos hemos perdido? Porque lo ocurrido no es un asunto puntual, ni muestra solo la imprevisión crónica de los políticos en Madrid y la sordera de la metrópoli, sino que habla de algo más profundo.

Los peninsulares, es sabido, apenas nos ven como un destino turístico, un puñado de islas perdidas en el Atlántico que sólo salen en las noticias cuando en el tiempo se anuncian calimas o cuando sufrimos algún suceso reseñable. Y eso es todo. Ese desconocimiento de la realidad canaria está muy extendido entre los políticos del resto del país. Y eso no es culpa suya, pero sí nuestra.

El ejemplo perfecto de esa desinformación crónica sobre nosotros en Madrid (donde las leyes se cuecen, se negocian, se redactan y planifican) es el Régimen Económico y Fiscal que nos rige. En resumen, nuestros fueros. El famoso REF, condicionado por nuestra condición de Región Ultraperiférica de la Unión Europea, entre otros aspectos. Si no fuera por el REF, que permite entre otras cosas que estén financiados los transportes de mercancías hacia y desde las Islas, cualquier bien de primera necesidad sería carísimo para el isleño. Cuando compramos un cartón de leche llegado de la Península, o una caja de aspirinas en una farmacia, el diferencial de precio con el territorio continental es pequeño (sigue existiendo, debido a los sobrecostes del handling portuario, pero eso es otro asunto), gracias a que todo el transporte y la logística están subvencionadas con ayudas públicas vía REF. Sin este, seríamos un territorio paupérrimo, las mercancías serían carísimas, viviríamos situaciones de desabastecimiento impensables y nuestros empresarios no podrían exportar. El REF permite que nuestras Islas, sencillamente, puedan sobrevivir. Es por tanto algo vital para nosotros. Tras esas siglas se oculta la mera supervivencia de Canarias, pero pocos peninsulares han oído hablar de ellas, y lamentablemente pocos canarios.

Explicar la importancia del REF a terceros peninsulares que nunca han salido de la ‘piel de toro’ es difícil, pero no imposible. El caso es que hay que hacerlo, y no estoy seguro de que se esté intentando adecuadamente. En una escala menor, hace unos quince años, dos canarios, José Antonio Castaño (un maravilloso director de fotografía con el que he tenido la suerte de trabajar en mi último largometraje) y quien esto firma, entonces respectivamente presidente y vocal de Acepa, la federación de productores audiovisuales canarios, y gracias a nuestra labor de zapa en Fapae, la Federación Española de Productores, logramos que en la Ley de Cine se concediera a las producciones canarias un diferencial de un punto en las Ayudas Selectivas del Ministerio de Cultura, al que se han acogido unas cuantas películas desde entonces. Costó esfuerzo, tesón y tozudez. Y supuso tener que explicar una y otra vez el problema de vivir en unas islas que están a más de mil quinientos kilómetros de la capital y en otro continente a productores, legisladores y ministros. Pero lo logramos, y ahí sigue ese punto diferencial como una pequeña conquista. Solo por la tozudez de dos personas que decidimos pelearlo. No es tan difícil, si se quiere.

Pero parece que a veces somos incapaces de explicarnos. Los políticos nacionales no sólo ignoran (en muchos casos involuntariamente) la realidad canaria, sino que eso del REF les suena a chino. Y ya no digamos las subvenciones al transporte aéreo, imprescindibles para un pueblo que sólo puede salir de las Islas por avión. Son todas ellas realidades perentorias, básicas y necesarias. Y es fundamental una pedagogía sistemática que explique esas realidades, esos problemas, esas especificidades, a todos y cada uno de los miembros del Consejo de Ministros, del Congreso de los Diputados, del Senado, a cada miembro del Cuerpo Superior de la Administración Civil del Estado, a cada funcionario. Porque nos jugamos mucho: la supervivencia, literalmente. Y solo hay que saber explicarse, nada más, aunque es algo que nunca debe detenerse: siempre llegan nuevos diputados, funcionarios, ministros, a los que de nuevo hay que informar. Nos va la vida en ello; si en la Península se ponen a jugar con el REF eso afectará directamente a la vida de los canarios de una forma muy grave.

El Cabildo de Gran Canaria hace unos años inició la construcción de un plató en Infecar que pronto será inaugurado, en el que acoger rodajes foráneos en las Islas, dotado de excelentes infraestructuras y tecnologías. Ahora que desaparece el diferencial de ayudas a los rodajes, y que un productor americano puede optar, con el mismo beneficio, a rodar en la Europa continental (cualquier región española, desde Cantabria a Andalucía) con idéntico beneficio fiscal, no va a gastarse una fortuna extra en fletes marinos y aéreos para venir a las Islas. ¿Alguien en el Gobierno de Canarias, sabiendo lo que estaba en marcha, hizo de coordinador o de interlocutor con el Cabildo y demás instituciones implicadas para generar líneas de interlocución y que no ocurriera lo que pasó hace unos días en el Congreso de los Diputados? Me temo que no. ¿Alguien con mando en plaza previó lo que otros veíamos venir desde hace más de 30 meses?

Repasemos la situación actual. Desde que se inició la política de beneficios fiscales a los rodajes en las Islas, no hay un interlocutor único oficial del Gobierno Canario para los productores que quieren venir a las Islas (excluyo a las Film Commissions, pues no asesoran sobre el beneficio fiscal). Sólo un puñado de bufetes de alto nivel y de empresas de servicios les informan, arrimando el ascua a su sardina; no hay un documento oficial de guía para los productores consensuado entre Hacienda y el Gobierno autónomo, ni mucho menos pliegos oficiales. Tampoco hay comunicación entre la Hacienda nacional, la Hacienda canaria y el Gobierno de Canarias, lo que está llevando a la apertura de expedientes a producciones ya realizadas, generando una gran inseguridad jurídica. Y para colmo, el diferencial que nos hacía interesantes en comparación al resto de las Comunidades Autónomas, desaparece de la noche a la mañana.

Miren el panorama que les he presentado en el párrafo anterior: inseguridad jurídica, ausencia de interlocución oficial, incomunicación interdepartamental, una grave sensación de total descontrol e improvisación en todas las escalas. ¿Creen que con estos mimbres un productor va a volver a las islas? Escarmentados, correrán la voz, porque habrán obtenido una medida del caos que reina en estas Islas cuando Estado, consejerías, departamentos, cabildos, ayuntamientos, film commissions, empresas, asociaciones gremiales y demás operadores actúan como reinos de taifas boicoteándose constantemente. Solo hay que tener ojos y, claro, querer mirar. El paisaje no es halagüeño.

Hemos tenido, y de hecho tenemos aún en las manos, una fuente de riqueza muy importante. El otro día una amiga me decía que el problema no es que Canarias esté lejos de la Península, sino que la Península está lejos de Canarias. Pero nosotros tenemos gran parte de culpa de esa distancia. De nosotros depende que esa separación disminuya: de nuestra capacidad negociadora, pedagógica, legislativa y sobre todo colaborativa.

Todavía estamos a tiempo de enmendar el asunto; esto debe ser un empeño colectivo, autonómico, que nos implique a todos. Nos jugamos mucho. Espero que así sea.

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