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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Orfandad

Hace algún tiempo Felipe González afirmó que estaba instalado en una «orfandad representativa», aunque siempre ha precisado, astutamente, que sigue votando por el PSOE. Incluso votó por Ángel Gabilondo en las elecciones a la Comunidad de Madrid: no puede pedirse mayor disciplina de partido. Curiosamente fue esa orfandad en la representación política la que llevó a muchos miles de pibes y pibas, en Madrid y en numerosas ciudades españolas, a manifestarse hace una década como una fuerza opositora a una democracia parlamentaria averiada y cada vez más insatisfactoria. Uno de sus eslóganes fue, precisamente, No nos representan. Intuyo, sin embargo, que existe una diferencia. Los pibes y pibas de hace diez años –que ahora son veinteañeros y treintañeros pero siguen en paro– no querían ser representados. La misma idea de representación o delegación de su voluntad política les parecía, como mínimo, sospechosa. Los ancianos como Felipe –y los ya baqueteados puretas como un servidor– quisieran serlo y que el sistema –esa democracia parlamentaria a veces justamente denostada pero insuperable como marco de convivencia y fuente legitimadora de las políticas públicas– se renovase a través de un conjunto de reformas políticas, institucionales y jurídicas, sin descartar cambios constitucionales. Lo que ocurre es que no existe ni se vislumbra el consenso necesario para negociarlas y sacarlas adelante.

Se me antoja que la derecha que lidera ahora –es un decir– el señor Casado es la más estúpida e inútil en el último cuarto de siglo. Como no han asumido su profusa y enlaberintada corrupción política –en la que utilizaron, según todos los indicios, aparatos y medios del Estado– cada tres meses reciben un susto en los tribunales y empieza a lloverles mierda, de la que Casado pretende protegerse con un argumentario oligofrénico: «Eso no está pasando ahora, así que no tengo ninguna responsabilidad». Es curiosa esa insistencia en poner tanta distancia entre el partido que lideras y tus níveos glúteos. Casado no tiene ningún proyecto alternativo, carece de un equipo de dirección potente, padece un grupo parlamentario mediocre, teme a una ultraderecha que le come terreno, pero a la que necesita si quiere alcanzar el poder alguna mañana azul mahón, y su capacidad discursiva, nunca demasiado convincente ni articulada, se ha diluido tan lamentablemente que al criticar la reciente renovación del Gobierno ha acusado a Pedro Sánchez de haber elegido a sus ministros «a dedo», como si no se hubiera leído la Constitución. Ciertamente ninguno ha ganado la plaza de ministro en una oposición. Es lamentable. Su supuesta alternativa interna es Isabel Díaz Ayuso, que arrasó, ciertamente, en las elecciones autonómicas madrileñas. Pero mientras Casado no ha gobernado jamás, y al menos está limpio de esas miasmas, Díaz Ayuso ya ha demostrado sus prioridades políticas, sus compromisos económicos y presupuestarios y sus convicciones ideológicas. Lo primero que ha hecho, en este segundo mandato, es cambiar la normativa de Tele Madrid para manipular la cadena a su antojo a través de un administrador que designará a dedo. Para un servidor es un misterio insondable que gente con dos dedos de frente –incluyendo algunos amigos exizquierdistas– descubran un valor político excepcional en una señora lista y simpática pero que muy evidentemente no sabe de lo que está hablando en la inmensa mayoría de los casos. Madrid es libertad, dice la señora, y de un plumazo se carga el comité de los servicios informativos de la televisión pública.

La crisis de representación parece suspendida bajo los efectos de la pandemia y la crisis económica derivada, pero resurgirá en un futuro muy próximo. Y crecerá la tentación de abolir el consenso como instrumento político básico y buscar protección, seguridad y un mínimo de bienestar bajo la sombra de cualquier higuera venenosa. Los huérfanos pueden ser muy violentos y llevar la venganza en la sangre.

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