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Carmen Martínez-Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

La izquierda lechuga

A mi entrañable madre, persona de orden, hija de caído –mientras me deje la memoria histórica– y de misa diaria le encantaba Ricky Martin. Siempre pensé que era porque tenía buen gusto y era divertida pero, tras leer a algún teórico actualde las dos Españas, al fin comprendo que, como era de derechas, lo que le encantaba a ella era vivir la vida loca.

Efectivamente, en medio de esta pandemia, tras el triunfo de Ayuso o más bien la derrota de Sánchez, la sentencia sobre la alarma y el desprestigio del PSOE, se extiende la tesis iniciada por Tezanos y mantenida por el periódico gubernamental, su prensa subvencionada y ciertos adictos irredentos, de la división fratricida de las dos Españas, en que la derecha de VOX y PP defiende el libertinaje del berberecho, la explotación del planeta con la ansia viva de carne roja y el desprecio a la salud, saltándose las humanitarias restricciones, mientras la izquierda solidaria, cumplidora de las leyes y preocupada por el cambio climático, encarnada en Podemos pero con corazón de PSOE, se entrega a salvarnos de nosotros mismos como una madre amorosa pero inflexible que pierde votos por nuestro bien.

Yo conocía la izquierda caviar, el buen rollito, los pijiprogres, el perroflautismoy alguna otra variedaddel espectro, del mismo modo que una derecha rotunda y otra más fluida, aunque sus oponentes los engloben a todos en la foto de Colón, pero desconocía esta nueva izquierda lechuga, enfrentada a la derecha chuletón. Versión actualizada del guerracivilismo con una derecha mala porque quiere vivir a su aire, aunque se cargue todo a fuerza de fiestuquis y una izquierda preocupada de lo que se tiene que preocupar, entre otras cosas derribar cruces, convocar referéndums en una parte del territorio e inventar nuevos nombres para la matria.

Se oculta, sin embargo, que quien come carne, igual es porque el pescado es demasiado caro, se ha gastado la paguina en el recibo de la luz o le sienta mal la lechuga pues produce flatulencia. Difícil decidir entre una España con colesterol y una España pedorra.

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