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Reflexión

La derecha radical se reorganiza

Los últimos episodios protagonizados por Orbán, en relación con el colectivo LGTBI y por el Tribunal Constitucional polaco, en relación con la primacía del derecho de la UE, no deberían analizarse como hechos aislados. El órdago en el que, de manera conjunta, se han embarcado Polonia y Hungría, ha de leerse en el marco del lanzamiento de un documento presentado a primeros del mes de julio, que pretende ser la piedra angular de una futura alianza estratégica compuesta por fuerzas políticas de derecha radical y posfascistas, liderada por Orbán, Salvini y Kaczynski, y seguidos por Abascal, Meloni y muchos otros hasta un total de 16, con el objetivo de actuar como contrapeso a las fuerzas mainstream, apelando a la herencia y a la tradición europeas de cara al comienzo de la Conferencia sobre el Futuro de Europa.

Dicho manifiesto pretende ser una contribución al debate sobre la UE en forma de reivindicación de la familia tradicional «como unidad básica de las naciones» y en un momento en el que las políticas profamilia deben ser la respuesta y no la inmigración. Pero, además, ya adelantaban algunos de los pasos que se darían, puesto que también ahí se pedía el lanzamiento de un mecanismo para proteger a los estados miembros, al permitir que los tribunales constitucionales ignoren o alteren los fallos del TJUE. Exactamente la línea sobre la que, 15 días más tarde, se ha pronunciado el TC polaco.

Dicen que este documento no persigue la creación de una nueva familia de partidos europea, y algunos respiran aliviados. Es cierto que la diversidad de fuerzas políticas incluidas pareciera responder más a un movimiento estratégico que a algo más articulado, especialmente teniendo en cuenta discrepancias de calado que pasan por las relaciones con Rusia o, incluso, la ausencia de química entre algunos de estos líderes (a nadie se le escapa la profunda animadversión de Le Pen hacia Orbán). Sin embargo, este movimiento podría ser el primero de otros pergeñados y articulados desde Budapest para la creación de un grupo propio en el Parlamento Europeo, que atrajera a fuerzas políticas procedentes del Grupo Popular y de Conservadores y Reformistas. La institucionalización de un grupo de esa naturaleza bien podría quebrar la hegemonía de la democracia cristiana en la cámara, algo de lo que algunos de sus miembros llevan alertando largo tiempo. De ahí las reticencias de prescindir de Fidesz como miembro, esgrimidas por muchos.

En todo caso, parece que la Comisión Von der Leyen está intentando no caer en errores pasados. Así, la Comisión ha abierto un expediente por vulneración de la Carta de Derechos Fundamentales en materia de libertad de expresión y de derecho a la no discriminación, y no solo contra Hungría, también se ha curado en salud y lo ha hecho contra Polonia. Y lo que quizás es más operativo, ha dejado en suspenso la aprobación de los fondos del plan de recuperación destinados a esos países, tras una posición contundente en este sentido por parte del Parlamento Europeo. Y todo esto lo hacía prácticamente al tiempo que el Tribunal Constitucional polaco manifestaba que no reconocía la primacía del derecho en Polonia y, por tanto, la justicia que emana del TJUE. Por fin, desde las más altas instancias europeas se actúa con contundencia en la defensa cerrada de los derechos establecidos en la UE.

Con este movimiento, Bruselas parece que quiere frenar el reto de húngaros y polacos de manera tajante. Con él se puede abrir una confrontación abierta entre el TJUE y los tribunales nacionales. Von der Leyen se la juega y mira por el rabillo del ojo a lo que a todas luces parece una reorganización a la derecha del espectro político europeo. Una alianza estratégica que pretende generar sinergias y establecer alianzas para adaptar el proyecto europeo a una cosmovisión propia que cuestiona buena parte de lo andado hasta ahora y frente a la que no parece que haya ninguna alternativa armada hasta la fecha. En esta partida de mus, hay que jugarla a la grande y no a la chica. Es imprescindible plantar cara a unas fuerzas políticas que están dispuestas a ponerse de acuerdo en cuestiones de mínimos para alcanzar los máximos. El asunto es si el resto está dispuesto a ponerles freno.

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