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Historias de un gran velero

La nueva travesía del ‘Tirma’

El velero Tirma, estandarte del Real Club Náutico de Gran Canaria y considerado Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias desde el año 2005, vuelve a lucir sus mejores galas.

Como presidente de la Comisión de Conservación de esta emblemática embarcación, he tenido el honor y la satisfacción de dirigir los trabajos de finalización de su completa restauración respetando, observando y recuperando los más mínimos detalles con los que siempre navegó, hasta su última y definitiva varada en 1996.

Aunque la historia de este balandro ha sido contada en varias ocasiones, su nueva puesta de largo nos ofrece una gran oportunidad de difundir entre las nuevas generaciones la importancia que supone para todos los aficionados al mar la conservación de esta joya de la navegación, donde se han vivido innumerables experiencias deportivas y personales, constituyendo una parte importante de la historia náutica de la isla de Gran Canaria, que es cuna de grandes navegantes.

Fue el 12 de junio de 1910 en la revista Canarias Turista donde se hizo una de las primeras menciones de este barco a vela: «Aún no ha sido bautizado, pero tenemos entendido llevará el nombre de Tirma...» El periodo de construcción comenzó en junio de 1907 en los astilleros de San Telmo, junto a la actual ermita, siguiendo los planos del ingeniero inglés Mr. George, que también diseñó sus primeras velas, fabricadas posteriormente en los talleres Davery & Cia. en Inglaterra. Los trabajos estuvieron a cargo del maestro de ribera José González Reina, el Calafate.

Su larga historia tiene como punto de partida un 23 de junio de 1910 cuando esta extraordinaria unidad, similar a la serie 8 metros internacional, fue bautizada y botada al agua con las siguientes características: 12,50 metros de eslora, 2,30 de manga, 5,5 toneladas de desplazamiento y bulbo de plomo en su orza de 2.660 kilogramos.

Tras ser adquirido por el Náutico grancanario a la familia Del Castillo, el velero Tirma tuvo dos tipos de aparejo: el llamado «cangreja» con pico o percha y botavara modificándose posteriormente al «Marconi», solo con botavara. Actualmente ostenta el título de ser la unidad más antigua de Europa entre los que se conservan de su clase, donde le sigue el Osborne (también 8 metros internacional) que fue propiedad de la reina Victoria y el Hispania (15 metros internacional), botado en fechas muy cercanas y que perteneció al rey Alfonso XIII.

La historia del Tirma se pierde en el tiempo y resurge en la imaginación de los tuvimos el honor de compartir su cubierta entre patrones y tripulantes, representando lo mejor de los inicios de la vela deportiva de Gran Canaria. Entre los logros deportivos conseguidos por este monotipo destaca, sin lugar a dudas, obtener en propiedad para el Real Club Náutico de Gran Canaria el Trofeo de San Ginés, regata tradicional entre Gran Canaria y Lanzarote, siendo esta la competición a vela más antigua de Canarias, que a día de hoy se sigue celebrando.

Y qué decir de su más inmediatos competidores, embarcaciones que ya han desaparecido como fueron el Alondra, Balandra Gran Canaria (hoy en un estado de gran deterioro en los jardines de la Urbanización Puerto Rico), Aldabe, Rubicón o los Tumlarens, que entre otros constituyeron una noble flota que engrandeció la competición en aguas canarias.

A mediados de los años 70, el Tirma hace su última regata quedando ubicado en la rampa del antiguo varadero del Club Náutico. Afortunadamente, un grupo de nostálgicos, a partir de una carta que remití al entonces presidente Jorge Cantero, se tomó la decisión de devolverle el esplendor de antaño y engrandecer su historia, tal y como se refirió un extripulante, compañero y periodista Ángel Tristán Pimienta: «Varias generaciones nos enamoramos del mar gracias al Tirma. Aprendimos de él la dureza de la navegación, el encanto de la soledad compartida, el pleno disfrute de la naturaleza y la alegría del éxito».

En 1983, siendo Manuel de la Cueva presidente, se trasladó a su ubicación actual, en la entrada de la sede social presidiendo la fachada del Club. La historia del esta unidad centenaria se extiende no solo al ámbito deportivo, sino también al profesional de la industria náutica con las sucesivas reparaciones, transformaciones y labores de conservación donde habría que hacer referencia a personas como Tomero, Panchito Ortega, Tomás, Germán Betancor, José Peña, Domingo Oramas, Antoñito Santana el Garrote, Laureano el Calafate, Agustín Rivero el Chatarra, también conocido como el Garrucho, Manolín Macías, Pepe Peña El Chacalote, relación a la que tenemos que incorporar, tras esta última remodelación a Gaspar Ortega, Philippe Jamet y Toni Navarro. No quiero dejar de mencionar a Miguel González Gutiérrez, socio de nuestro Real Club Náutico que hasta su fallecimiento hace algunos años, trazó, dirigió y controló todas aquellas modificaciones, averías y achaques que nuestro viejo Tirma presentaba en cada esfuerzo al que se le sometía, conocedor de la carpintería de ribera, siendo un eslabón imprescindible para que hoy tengamos esta joya aquí.

Mi historia y afición al mar comienza a los 14 años cuando vi en una revista llamada Mecánica Popular las instrucciones para fabricar un Selfish (barco de escasos 2,50 metros) con una sola travesía en su palmarés que pudo durar unos quince minutos, hasta que el cartón piedra con que estaba fabricado se abrió y dejo entrar la suficiente agua para enviarlo al ‘patio de los cangrejos’. Más tarde, Félix Montenegro me regaló un viejo Hispania ya de 6 metros, que preparé y navegué, costándome el PREU para septiembre.

Cuando tuve más edad, los aspirantes a tripulantes pululábamos en nuestros ratos por el varadero del Club esperando que algún patrón nos dijera ‘¡ven conmigo a navegar!’, a lo que acudíamos inmediatamente.

Estos patrones que fomentaron nuestro amor por la vela fueron Ángel García, Juan Vila, Jorge Cantero del Río, Pedro González Medina, Pepito Tomás Ravelo, Federico González Valido, Armando Torrent, Bernardino Valle, Ventura Quevedo, Tony Arias, Federico Valido, Rafael Del Castillo o Nino Navarro, Paco Beneyto, José María Navarro y tantos otros.

He de decir que la herencia náutica no fue precisamente de mi padre, que era de tierra adentro, quizás por eso me dejó inconscientemente aventurarme en todas las regatas entre islas en el Tirma, la Balandra, los Tumlarens o la Alondra.

Para mí, este balandro fue siempre un objetivo que me pareció inalcanzable llegar a gobernar como patrón, siendo por fin allá por los años 70, cuando por fin obtuve mi título de patrón de yate y pude participar en el sorteo que había costumbre realizar entre los patrones solicitantes, donde tuve la fortuna de ser el ganador, y participar en una regata a la bahía de Gando, donde alcanzamos el primer puesto de la clasificación general. Guardo ese entrañable triunfo como el más apreciado de mi larga trayectoria náutica.

Fue una época dorada con grandes compañeros e increíble regatistas que también patronearon el Tirma como Enrique Boissier, Joaquín Blanco Torrent, Francisco Beneyto, Miguel González Gutiérrez, Tomás Navarro, Colacho García, además de los mencionados anteriormente.

La Ley de Patrimonio Histórico de Canarias de 1999 dice en su preámbulo, cuya redacción corresponde a la demanda de una amplia y profunda política cultural, tal vez en alguno de sus párrafos como el sexto del punto primero, podría aplicarse al Tirma, cuando considera el Patrimonio Canario como un «tesoro, que como una obra de todos» a todos pertenece y que como tal, por todos ha de ser conocido, disfrutado y tutelado en beneficio de futuras generaciones.

Durante la larga vida de nuestro flamante balandro, son muchos los que han escrito e investigado sobre su historia, precisando una mención importantísima Manuel Ramírez y Encarna Galván por su magnífico libro, del que hago algunas citas en este pequeño artículo.

También citar a Juan Marrero Portugués, que fue durante varios años presidente de nuestro Club, y que también escribió varios libros e incluso un cuento para niños relatado por el propio Tirma.

Escriben los precitados autores al referirse a las personas que sentimos el ‘espíritu del Tirma’, diciendo: «Son personas que nacieron junto al Tirma, crecieron junto al Tirma y maduraron conforme las cuadernas se iban resistiendo con el paso del tiempo», (libro Historia de un Balandro) que también expresa:

«Estos recuerdos en forma de piezas perfectamente delimitadas, se fueron depositando en el taller del historiador que pacientemente y tras una labor ardua pero gratificante al mismo tiempo, las fue ensamblando una a una hasta formar un entrañable cuadro histórico con lo que fue», a estas personas que aún sienten el espíritu vivo del Tirma, a las que sin haber vivido ese espíritu, comprenden que tras ese soporte monumental que le sirve de varadero hay una historia cuajada de mil modos de amar la vida marinera y a los que a través del pasado creen firmemente en el potencial futuro de nuestra región. Donde se recuerda a Rafael Alberti en el fragmento de su poema Marinero en Tierra, que dice:

Quien cabalga el caballo

De espuma azul es la mar

..................

De un salto

Quiero ganarme la mar

Decía el insigne historiador Antonio Bethencourt Massieu en su libro Canarias y el Atlántico, que el Tirma en su última significación, ha sido y será, uno de los expresivos símbolos de nuestra entidad.

El camino hasta llegar a las fechas en que estamos no ha sido fácil, ha habido que sortear numerosas dificultades, unas de índole económica, y otras de desacuerdos sobre el futuro de nuestro Tirma, periodo, como hemos mencionado, que se ha colmatado con la definitiva y completa restauración de nuestro balandro.

Para esta singladura ‘de tierra firme’ quiero agradecer a quienes me acompañan en la Comisión de Conservación del Tirma, y que son Ángel Tristán Pimienta, Fernando de Bethencourt y Manrique de Lara (q.e.p.d.), Cayetano Valle Morales y Jorge Cantero del Río (q.e.p.d.). Sin su ayuda, nunca se podría haber llegado hasta aquí. A estos dos compañeros fallecidos, Fernando y Jorge, los sustituirán dos hijos de nuestro recordado Jorge. Por último, agradecer a cuantas personas han hecho posible llegar a esta meta, especialmente a la actual Directiva del Náutico encabezada por Maica López Galán quien, desde el principio, confió en el proyecto que se pretendía y que gracias a ellos hoy es una realidad, a todo el personal del Club sin exclusión, varadero, carpinteros, pintores, ordenanzas, etcétera, los cuales han sentido como suyo este barco. A todos mis más sinceras gracias. En esta nueva singladura, el Tirma contará con una joven madrina de 9 años, Lola López Petricca, que estos días está descubriendo el apasionante mundo de la navegación en la Escuela de Vela del Náutico Ventura Quevedo y a la que espero transmitir mi pasión por el mar y la preservación de aquellos símbolos que definen la historia de este gran Club.

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