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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

Extraños en el salón

Hace ya un par de semanas que Pablo Díaz ganó el bote del programa Pasapalabra. Merecidísimo bote que luchó durante más de doscientos programas haciendo gala de sus amplios conocimientos lingüísticos. No lo tuvo fácil el canario, ya que su contrincante, Javier Dávila, también era un hombre de verbo fácil.

Durante días Pablo copó las portadas de los periódicos. Se hablaba de él en las redes sociales, en los descansos laborales para el café y en la sobremesa. Era su momento y se veía en su cara el reflejo de la auténtica felicidad. Sin embargo, los amantes del programa tuvimos que pasar un proceso de duelo. ¿Dónde estaban Pablo y Javier después de la «gran tarde»? ¿Adónde se habían ido esos «casi amigos» a los que les abrimos la puerta de nuestra casa y les dejamos acomodarse en nuestro salón durante meses? En su lugar aparecieron dos desconocidos a quienes, en un principio, les pusimos cara de remilgo, por una cuestión de lealtad inconsciente, tal vez. Probablemente en cada casa hubiese un preferido –en la mía sí–. Algunos eran fans de Pablo y otros –yo– lo era de Javier. Y es que poco se habla de cómo el abogado salmantino nos fue robando el corazón con su carisma, su sonrisa socarrona, su saber estar y sus ocurrencias: «Hacer un María Jiménez». «Por si los dípteros». «Recuentuco» o «Ser un hombre de paz». Una de las reglas del juego es que el contrincante del ganador debe abandonar también el programa (cosa sumamente injusta) así que como mismo le dijimos adiós a Pablo se lo tuvimos que decir a Javier. No obstante, este último ha creado escuela calando en los nuevos extraños que habitan nuestros salones, Sofía y Marco Antonio, que le hacen constantes guiños a Dávila usando algunas de sus curiosas expresiones. Y es que a veces el premio no está en acertar las veinticinco palabras, sino en saber que has dejado un trocito de ti en el corazón de la audiencia. Que sí, que eso es baladí al lado de los casi dos millones de euros del bote, pero oye, que irte sabiendo que queda un vacío en las casas de media España no es pecata minuta.

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