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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Cielo, sol y verdes prados

Creo que les debo una disculpa a mis lectores por mi empecinamiento en las últimas entregas abordando temas o reflexiones relacionados con Suecia, mi país de nacimiento, contrastados además con los de España, mi país de adopciön. En mi descargo he de añadir que casi siempre es en respuesta a preguntas de mis amigos. La última por cierto bastante delicada, sobre la ideología de mis compatriotas, de la que tam-poco me voy a escaquear, centrándome en dos de los ámbitos más importantes donde se manifiesta, la religión y la política.

En el primer caso permítanme un enfoque algo macabro: aprovechando que estoy pasando mis vacaciones en Suecia, he recortado unas páginas de esquelas, concentradas en la tirada de los periódicos dominicales. Pues bien, de las 80 contabilizadas, tan sólo 10 llevan una cruz cristiana en su encabezamiento, 12 van adornadas de un icono que recuerda la profesión o los hobbies del finado (esquies, instrumentos musicales, caña de pescar), 10 con algún símbolo afectivo, normalmente corazones de distintas morfologías, 5 de mascotas, y nada menos que 37 con motivos florales, puestas de sol o amaneceres (con obvia intención de fin de viaje o inicio de uno nuevo), golondrinas y gaviotas surcando los cielos, o montañas nevadas. Está claro; la religión de mis compatriotas es el amor por la naturaleza. Y el verano, redentor del cruel invierno, su más significada expresión, como lo pone además de manifiesto la recurrente filmografía sueca con su sacramento estival, que va mucho más allá que una simple estación: Verano con Mónica, Bailó un solo verano y hasta un intento de Ingmar Bergman en clave de humor: Sonrisas de una noche de verano. No es pues de extrañar que incluso el texto del himno nacional tenga al firmamento, a los verdes prados y a las altas cumbres como señas de identidad del entrañable amor por la patria.

Respecto a la política creo que tampoco es mal escaparate para comprender la ideología predominante de los suecos: desde el arranque de la industrialización, retomando el absolutismo ilustrado y social de los terratenientes para con sus empleados, el estado ha heredado tal vocación, convirtiéndose sus dirigentes –como Per Albin Hansson o Tage Erlander– en figuras patriarcales, garantes de la cobertura y amparo de la sociedad para con sus súbditos bajo el paraguas de la socialdemocracia. Y posiblemente en este respeto mutuo, nacido del rigor de una tradicional moral luterana, esté otra de las características de la ideología política en general: una confianza en la capacidad de Papá Estado a la hora de proteger a sus administrados, y como corolario una mínima conflictividad laboral y una aceptación rayana a veces en la resignación a la hora de someterse a las imposiciones del gobierno. No en vano la permanencia de los socialdemócratas en el poder prácticamente ininterrumpida a lo largo de casi un siglo por fuerza ha de dejar algo anestesiados a sus votantes, al fin y a la postre, como todos nosotros, fieles animales de costumbres.

Sea como fuere, se van a librar de mis elucubraciones nórdicas por un tiempo, pues en aras de respetar el descanso estival que se merecen mis posibles seguidores, voy a dejar en barbecho durante unas semanas mi producción de tropezones.

!Feliz verano!

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