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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Reflexión

¡Mejor sin complejos!

Me encanta recordar cuando nos decían que antepusiéramos a los demás frente a nosotros mismos. Antes, el Yo era residual y ahora lo situamos en la casilla de salida. La lucha de los Yo ha llegado a la política, a la empresa y a las relaciones… Recuerdo mis primeros años de profesión donde todos anteponíamos a la empresa, incluso, al resultado del equipo o al éxito de nuestro responsable o director por encima de la pura satisfacción del Yo, que en ocasiones llega a ser aburrida.

Me encantaban mis colegios de las bases navales de la Armada Española, donde hacíamos equipo y nos fortalecían en el valor de dirigir equipos por encima de complejos o historias personales pendientes de cerrar; nos fortalecían para no herir a otras personas cuando la vida nos ofreciera la oportunidad de dirigir o de gobernar. Los complejos pueden destruir equipos y, en ocasiones, son portadores de infelicidades del Yo y del Nosotros. Los complejos limitan, minimizan nuestro desarrollo y el de otros, transformándonos en personas llenas de prejuicios. Valorando en otros, esos miedos presentes en nosotros.

Provocan la seguridad para querer aprender, porque nos da miedo exponer nuestras carencias o aquellas áreas deseosas de desarrollo. Nuestra visión es muy limitada, lo que nos hace ser poco empáticos y, por consiguiente, poco agradecidos. Si la empatía no está presente, junto al agradecimiento, dejamos de ser compasivos, y nuestra emocionalidad es parcial y partidista, como me gusta decir; viviendo para el Yo.

Cuando dejamos de sentir satisfacción dando placer a otros, escogemos inconscientemente ese camino en el que no seremos recordados. El binomio complejo – inseguridad se apodera de las jefaturas de gabinetes políticos, de candidaturas o gestores públicos, de directivos, de cargos de confianza… Incluso de las relaciones de pareja, ¡arrasa con todo!

A veces, ese malestar sencillamente viene por nuestro dialogo interior, por cómo nos hablamos a nosotros mismos, por el tipo de preguntas que nos hacemos… y de cuán partidistas seamos en nuestras respuestas. La forma en la que interpretamos nuestra realidad o, más bien, cómo seleccionamos esa realidad y la hacemos nuestra. No es tanto un modelo, sino más bien la forma en la que ordenamos nuestro puzle de vida; cómo escogemos las piezas, o a cuáles le damos mayor importancia y la hacemos protagonista; a partir de ahí, la construimos y nos la creemos. Por ello hay personas con piezas similares que construyen realidades diferentes.

Hay un principio que dirige las vidas satisfechas, y es que no podemos saber de todo, ni conocer de todo. A veces no nos gusta donde nacimos, o la forma en la que nos valoraron, o ciertos momentos de nuestra infancia, o los modos con los que nos trató el primer jefe que tuvimos: o nuestras estrategias para auto motivarnos no nos acompañan, o las perdemos, o reducimos nuestra visión… Todo eso condiciona nuestro despliegue público.

Aplicamos nuestras experiencias menos positivas, consciente o inconscientemente, haciéndolas valedoras. Es como si pensáramos que liderar es coger un manual y aplicarlo, cuando realmente es penetrar en el otro y ser recordado.

Dirigir es aplicar un buen manual desde la autoridad de un cargo, muy fácil y al alcance de cualquiera; el verdadero desafío es lo otro. El respeto y el valor de liderazgo viene por el grado de implicación de una mente sana y equilibrada en el juego de la vida política, empresarial o personal.

¿Por qué no triunfamos si está presente el complejo personal?:

1. Nos volvemos egocéntricos, con mínima perspectiva.

2. Las inseguridades potencian equipos de poco valor. Bien porque son construidos así o porque las personas de valor abandonan esos amagos de equipos.

3. Los equipos sufren una alta rotación.

4. El complejo provoca un ejercicio de poder, que no de liderazgo; es muy técnico y administrativo, minimizando la conexión emocional.

5. El rendimiento personal se minimiza, porque el complejo requiere de re-equilibrar constantemente las fuerzas de la persona que lo padece.

6. Nuestra comunicación no verbal y verbal no suelen ir en consonancia.

7. Interpretamos la realidad desde una visión partidista.

8. Prácticamente no delegamos.

9. Prácticamente no escuchamos.

10. Prácticamente no triunfamos.

Aceptarnos es el principio de nuestro éxito.

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